Entre marzo de 1964 y marzo de 1985 el destino de Brasil estuvo en manos de una dictadura cívico militar que, enmarcada en el llamado Plan Cóndor, violó los derechos humanos, suprimió las libertades de prensa, reprimió y torturó a opositores políticos.

Luego de transcurridas más de tres décadas de aquel tiempo de espanto el ex militar Bolsonaro hizo trizas la idea de que jamás, en plena democracia, millones de brasileros votarían a alguien que reivindica la última dictadura, es homófobo y atenta contra la integridad de las mujeres.

La llegada al poder del Bolsonaro en Brasil un peligro para mujeres y el colectivo lgtbiAsí por ejemplo, mientras que meses atrás la Corte Suprema de Brasil abrió un espacio para debatir sobre la interrupción del embarazo, Bolsonaro afirmó que vetaría cualquier ley que impulse la legalización del aborto. En este sentido parece no tener en cuenta que, en relación a esta realidad, su país atraviesa un serio problema sanitario ya que anualmente más de un millón de brasileras realizan un aborto y más de 250.000 son hospitalizadas por realizar éstas prácticas en sitios insalubres.

También, en un país en donde se registran diez violaciones colectivas por día y se estima que 450.000 mujeres son violadas por año, le dijo a una diputada brasilera que no merece ser violada porque es fea como si la violación dependiera de la belleza de la mujer y no fuera en si mismo un hecho aberrante y repudiable que atenta contra el cuerpo y la dignidad femenina.

Sobre los homosexuales, además de atribuir su aumento al libertinaje, las drogas y a que las mujeres trabajan, sostiene que habría que golpearlos desde niños para que no tengan ésta orientación sexual ya que es preferible tener un hijo muerto antes que sea gay. Desde esta retrograda perspectiva de género resulta evidente que poco le importa el reconocimiento de los derechos de las lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros.

Así mismo como macabro aprendiz de la última dictadura militar, a la cual solamente critica por haber cometido el error de torturar y no matar, afirma que “el policía que no mata no es un buen policía”. Y para erradicar la delincuencia propone «ametrallar el barrio pobre desde arriba» o aplicar un férreo plan de natalidad para evitar que los pobres se sigan reproduciendo.

Cabe destacarse que su popularidad se sustenta en la injusta detención del ex presidente de centro izquierda Lula, en cuya gestión 30 millones de brasileños abandonaron la pobreza, y en la Iglesia Universal del Reino de Dios que colocó al servicio de Bolsonaro su poderío económico, político y mediático, para salvar a Brasil de la perdición moral.

Por lo expuesto hasta aquí puede concluirse que éste político hace realidad la frase de Marx según la cual “la historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como farsa” ya que propicia implementar las políticas que décadas atrás sumergieron al país en el horror y, en forma chabacana y grotesca, «invita» al pueblo a retroceder de «la democracia y la civilización» a la «opresión y la barbarie».