Inicio el mes de septiembre acompañando unos cuantos juicios laborales de gente amiga. El primero es el de un compañero senegalés al que en un restaurante del barrio de Salamanca le han tenido trabajando como pinche de cocina con una jornada laboral de 40 horas semanales, cuando en realidad sólo estaba dado de alta por 20. El otro es el de una amiga que ha estado trabajando como limpiadora y chica para todo en un bar de Lavapiés en el que ni siquiera la habían dado de alta en la Seguridad Social y la tenían engañada con el pretexto de que le iban a asegurar la renovación de su permiso de residencia.

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