Quería tener vacaciones esa semana para poder estar en este encuentro, era la primera vez que iba a vivir la Semana Santa con la JEC. Una oportunidad única y diferente que, la verdad, me hacía mucha ilusión. Me gustaba la idea de conocer otra ciudad con otros jóvenes creyentes de España, compartir momentos, experiencias y salir un poco de mi “zona de confort” y de la rutina. Vivir una Pascua más acorde con lo que era originalmente y no como en los últimos años, como si fueran unas simples vacaciones para descansar o dedicarme a otras cosas.

Cuando llegué a Palencia la acogida fue excelente, me sentí cómoda y enseguida pude percibir el buen ambiente que había entre la gente. Estaba todo perfectamente calculado y organizado, el material de bienvenida, la información turística de la ciudad, además de mapas y horarios en puertas y paredes para evitar perderse en el gran seminario.

La cena de los pueblos, en la que compartimos la comida típica que llevamos, estuvo muy bien, con mucha variedad y, como no podía faltar, con unas torrijas deliciosas. Aprovechamos para saludar a aquellos que no veíamos desde hace tiempo y para conocer gente nueva de otras provincias. Hicimos dinámicas y juegos donde nos reímos y pasamos un rato agradable. Empezamos así, con buen pie, la Pascua.

Cada mañana hacíamos la oración para dar comienzo al día, seguida de una canción y un momento para reflexionar. Fue muy bonito sentir que tenía emociones en común con los demás. Que, por muy fuertes que parezcamos y aparentemente estemos bien, siempre tenemos una parte vulnerable. A través de esas meditaciones, comprendí que estamos hechos de una forma única y no se debe comparar, porque cada persona es importante. Recordé, que nunca estamos solos y que Dios nos trajo al mundo por un propósito que cada uno debe saber, ese algo que nos motiva a vivir cada día y nos hace felices. Eso me ayudó a empatizar más, a conocer un poquito mejor a los presentes y a no ser tan dura conmigo misma.

Después, en el trabajo de grupo, cada cual trabajó con sus campañas correspondientes. Mi campaña, sobre la Ecología Integral, fue muy completa e intensa y me encantó, ya que siempre me he interesado por la naturaleza. Iniciamos con una visión global de todo lo que está ocurriendo en nuestro entorno, que todas las acciones, por pequeñas que parezcan, repercuten positiva o negativamente en el medio y que, si no cambiamos ahora, el futuro no será muy alentador. Aprendimos sobre Ecofeminismo, que la dominación y explotación de la mujer está relacionada con la naturaleza incluso más de lo que creemos y que, si logramos cambiar el sistema patriarcal llegando a la igualdad, estaremos más cerca de mejorar este lugar. Para terminar, tratamos la conexión de la ecología con la economía, información densa que debemos ir trabajando con nuestros grupos. Fueron tres días en los que aprendimos bastante, compartimos opiniones, ideas e inquietudes. Todo ello nos motiva a buscar alternativas, a realizar cambios, a implicarnos más en proyectos y a llevar este mensaje a más personas, siendo un ejemplo con nuestro estilo de vida.

En cuanto a la Pascua, revivimos la Pasión y muerte de Cristo con los episodios de sufrimiento, mediante un Vía Crucis sobre distintos aspectos de la vida de las mujeres y aquellas injusticias que sufren en la actualidad, acompañado de música en directo del cantautor Manolo Copé. El último día celebramos la Resurrección con alegría y emoción. Hicimos una “fogata” representando el calor de estar vivos y la transformación de todas las realidades que nos causan dolor que, con fe y esperanza, podemos llegar a cambiar. También el agua estuvo presente, como símbolo de la vida que tenemos que apreciar desde una mirada ecologista.

No todo quedó ahí, pues tuvimos el placer de caminar por la ciudad, observar algunos de sus monumentos históricos y artísticos y su gran catedral. Conocimos una maravillosa iglesia convertida en aula de astronomía y estuvimos en una tradicional bodega de vinos.

Por último, celebramos la resurrección con un broche de oro; un concierto privado de unos jóvenes increíbles, donde cantamos, bailamos y disfrutamos hasta más no poder. Lo pasamos genial y fue una noche inolvidable para todos. Era la fiesta de la Resurrección, un festival para la vida.

Sinceramente, es una experiencia fascinante que recomiendo a todo aquel que quiera vivir una Pascua distinta, compartir con jóvenes comprometidos para hacer un mundo mejor. Jóvenes que se ocupan de su entorno, que ven más allá de sí mismos y tienen mucho que aportar.

Lady Dayana Tapias Polania

Militante de JEC Madrid