El artículo de Juan Carlos Prieto el mes pasado en esta misma sección, sobre la obsolescencia programada de los aparatos electrónicos, terminaba diciendo: “Solo me queda esperar y cuidarlos mucho para que duren muchos años”. Valoro dicho artículo y me siento aludido para ofrecer aquí algunas pistas prácticas que pueden ayudarnos a hacer que nuestros aparatos electrónicos, en particular los dispositivos móviles, duren todo lo posible.

  • La conocida lista de erres –reducir, reutilizar, reciclar– comienza por la de rechazar, empezando por rechazar nuestros insaciables deseos, entre otros, el deseo de estar a la última en tecnología. La mejor manera de hacer que un aparato dure mucho es no tenerlo.
  • Por supuesto, cuidar y proteger los aparatos. No dejarlos expuestos a las inclemencias del tiempo, transportarlos en envoltorios adecuados y utilizar fundas en los móviles.
  • Apagarlos cuando no los estemos usando. Es algo de sentido común, pero no siempre lo hacemos. Personalmente, apago el teléfono móvil durante la noche y siempre que estimo que voy a estar al menos una hora sin utilizarlo (no sé si una hora es mucho o poco, pero es el criterio al que he llegado). Mucho mejor que silenciarlo. Evitemos obsesionarnos con el argumento de “lo tengo siempre encendido por si acaso recibo una llamada o un mensaje importante”. Además del ahorro tecnológico, apagar el móvil cuando no lo usamos supone un acto de dominio sobre la propia vida y proporciona una relajante experiencia de “desconexión voluntaria temporal”.
  • Alargar el uso de las baterías. Sabemos que estas van perdiendo capacidad útil con el tiempo. En mi caso, cuando estoy en casa quito la batería del ordenador portátil –lo utilizo enchufado a la red eléctrica– y solo la pongo cuando me lo llevo conmigo fuera de casa.
  • Utilizar software libre. Los sistemas operativos basados en Linux y la multitud de programas asociados permiten realizar la inmensa mayoría de tareas que utilizamos normalmente. Son gratuitos, están libres de virus y, en lo que respecta al tema que nos ocupa, utilizan mucha menos capacidad de memoria que los sistemas operativos comerciales, por lo que no hace falta cambiar de aparato cada pocos años para adaptarnos a sus nuevas exigencias. Además, utilizándolo estamos formando parte de una extensa comunidad de personas que apuestan por el conocimiento compartido.
  • Y, volviendo a las erres, reutilizar. Mientras los dispositivos electrónicos sirvan hay que hacer que sigan sirviendo. Esto supone no desprendernos de un aparato que todavía funciona hasta asegurarnos de que alguien va a seguir utilizándolo. Regalarlo, intercambiarlo, venderlo con la ayuda de Internet o en alguna tienda de segunda mano. Y, por supuesto, a la hora de adquirir uno, antes de comprarlo nuevo considerar otras opciones (comprar de segunda mano no es de pobres, es de sabios).
  • Y, finalmente, cuando un aparato llega al término de su vida útil, asegurarnos de que se recicla convenientemente, llevándolo a un punto limpio o servicio de confianza.

Juan Carlos Prieto nos recuerda en su artículo algunas de las consecuencias sociales y medioambientales del consumo y desecho de los aparatos electrónicos. Lo que está en juego es muy serio, pues atañe a la vida y la salud de muchas personas y del medio ambiente. A la vez que intentamos cambiar otras cosas hagamos que nuestros aparatos duren muchos, muchos años.