Tomo el título de mi artículo de este mes de la canción Guerillerx Madriz, del grupo de reggaeton feminista Tremenda Jauría. Sus canciones abrieron las fiestas de San Isidro en el mes pasado y fueron el escenario desde donde diversos colectivos madrileños se sumaron al encierro de immigrantes en Barcelona contra una ley de extranjería que mata. Sus letras poético-políticas hacen visible el empeño de tantas gentes por sobrevivir con dignidad y de forma colectiva en un sistema que ataca la vida. Escucharles me resulta siempre inspirador porque expresan a ritmo de reggaeton altenativo lo que los movimientos sociales vivimos a diario: Construimos desde abajo,/ enredados como mimbres./Nos atacan por todos lados./Imposible salir de esta cada uno por su lado.

Este mismo espíritu y convicciones son las que se respiraban también hace unas semanas en la Jornada Precarias en rebeldía, que se llevó a cabo en el Centro Social La Ingobernable, convocadas por la inciativa de economía social Senda de cuidados y el colectivo Territorio Doméstico. Durante la misma tuvo lugar la presentación pública de un nuevo parto en común entre ambas entidades: el Observatorio Jeanetth Beltrán. Derechos en empleo de hogar y cuidados. Para “comadronear” este nuevo nacimiento participaron en el acto Las Kellys, las cuidadoras de las residencias de Vizcaya, el Eje de precariedad y economía feminista de Madrid y Territorio Doméstico.

Nace el observatorio Jeaneth Beltrán para los derechos en empleos de hogar y cuidados

. FOTO VOLHA FLAXECO/UNSPLASH

Las Kellys (“las que limpian los hoteles”) nos recordaron que más de doscientas mil mujeres trabajan como camareras de piso en España y son tan fundamentales en el sector de la hostelería como invisibles. De su precariedad ha nacido también su fuerza al organizarse para denunciar las condiciones de explotación impuestas por las cadenas hoteleras y las empresas externas. Con el lema “La salud y la dignidad ni se negocian ni se externalizan”, Las Kellys nos urgieron a sumarnos a su lucha y a no alojarnos en ningún hotel cuyos servicios estén externalizados, porque se sostienen sobre su explotación y precareidad.

Con las trabajadoras de residencias de mayores de Vizcaya celebramos que sí, se puede, pues, tras 370 días de huelga y más de dos años de conflicto, han logrado que se reconozcan sus principales reclamaciones en el nuevo convenio colectivo. Para ello ha sido necesario, como señalan en uno de sus comunicados, hacer frente al chantaje de la Diputación y al chantaje de las empresas del sector: “Habíamos roto el silencio y la sumisión y no íbamos a parar hasta lograr que se dignificaran nuestras condiciones de trabajo y también las condiciones de vida de las personas usuarias de las residencias”. Por su parte, las compañeras de Territorio Doméstico plantearon sus luchas por la dignidad y la valoración de su trabajo en un sistema que devalúa los cuidados, los invisibiliza y precariza en lugar de reconocerlos como imprescindibles para sostener la vida. Nos urgieron a exigir con ellas la ratificación del Convenio 189 de la OIT por parte del Gobierno español, que haría posible su derecho al desempleo, a la vez que      exigir cambios en la ley de extranjería, entre otras cosas por su complicidad en favorecer la explotación invisible de las mujeres sin papeles.

Por último el Eje de Precariedad y Economía Feminista de Madrid incidió en la necesidad de desmontar la economía del capital y construir la economía de las personas proponiendo para ello la articulación de herramientas de la economía feminista en las prácticas cotidianas, ya que el modelo económico actual no es ni sostenible ni viable por razones ecológicas, ni de reproducción social. Reivindicó el derecho de todas las personas a tener vidas que merezcan la pena ser vividas y a que en el centro de la economía esté el cuidado y no el capital ni el mercado.

En este contexto la necesidad de la puesta en marcha del Observatorio Jeanetth Beltrán, Derechos en empleo de hogar y cuidados se hizo aún más urgente. Porque, aunque el trabajo doméstico y de cuidados es el que sostiene la vida y, como corean  las compañeras de Territorio Doméstico, “sin nosotras no se mueve el mundo”, continúa siendo una de las formas de empleo más invisibilizadas, precarias y desprotegidas. Este sector laboral mantiene condiciones de semi-esclavitud, sobre todo en el caso de las trabajadoras internas. Resulta sumamente representativo que si en nuestro país existen más de 700.000 trabajadoras del hogar, la mayoría de ellas mujeres migrantes, solo una tercera parte en la actualidad cotiza a la Seguridad Social. El resto se mantiene en situación de economía sumergida y es realizado mayoritariamente por mujeres sin papeles, con lo que la situación de abuso y sobre-explotación se acentúa aún más. Las condiciones laborales y salariales discriminatorias, la amplia desprotección del sector, el alto porcentaje de informalidad derivado en gran medida de las trabas para la regularización de los permisos de trabajo, entre otras, son consecuencia de una legislación que mantiene una desigualdad estructural y de un Estado ausente en la protección y garantía de derechos.

El Observatorio nace para sacar de la invisibilidad la vulneración de derechos laborales en el ámbito de los cuidados (empleo de hogar, ayuda a domicilio, limpieza…) y poner el foco en la especial desprotección de este sector. Algunas de sus pretensiones son: iniciar una campaña de denuncia de estas situaciones, abrir un espacio de recogida de testimonios de las trabajadoras y trabajadores y con los datos recogidos, elaborar un informe final que se convierta en una herramienta de sensibilización social e incidencia política e institucional. Junto a ello nos proponemos acompañar aquellas situaciones que sean susceptibles de reclamación por vía administrativa o judicial y poner en conocimiento de la Inspección de Trabajo los casos denunciados, específicamente en el ámbito de Ayuda a Domicilio y Limpieza.

Como señala el lema del vídeo con que presentamos este nuevo proyecto, estamos convencidas de que, aunque querían brazos, llegamos personas y por eso creemos en la capacidad de organización de las mujeres y en la fuerza de nuestras rebeldías cuando las “acuerpamos” juntas, uniendo resistencias, propuestas, creatividades y sueños. Por eso el Observatorio Jeanetth Beltrán es, también y sobre todo, una  herramienta en manos de las propias trabajadoras para visibilizar y denunciar las situaciones de abusos, desprotección y vulneración de derechos que se viven cada día en el sector. Forma parte, por tanto, de los procesos colectivos de organización de las trabajadoras por la defensa de sus derechos y reivindicaciones, el fortalecimiento de grupos de apoyo mutuo, asesorías y el tejido de sus redes formales e informales para hacer de la  vulnerabilidad potencia.

Entendemos también que no hay cuidados dignos sin trabajo digno y que la “crisis de los cuidados” y la falta de recursos y servicios públicos no puede cubrirse sobre la explotación y precariedad de las trabajadoras de hogar. Por eso, el Observatorio quiere ser también un altavoz para sensibilizar a la ciudadanía y para exigir a las instituciones públicas la equiparación plena y efectiva de los derechos laborales de las trabajadoras del hogar y cuidados así como la necesidad de su intervención en el amparo de estos derechos.

Por eso nos sentimos parte de aquellas a  las que Tremenda Jauría se refiere en su canción, aquellas que pelean que la vida no sea solo sobrevivir. Acogemos con alegría su guiño cómplice cuando en la comida popular con que terminó la jornada nos dedicaron una estrofa de su canción Nos deseo:

Nos deseo, todo lo mejor, todo lo bueno

Cambiar las reglas del  juego ….

Ahí estamos …Ahí vamos.