“Hay que ser realistas, vivir con los pies en la tierra”, nos dicen muchas veces. “Siempre ha sido así”, “no es posible cambiar el sistema”, “esto es lo que hay” y tantos otros eslóganes que tenemos incrustados en nuestra memoria ROM, esa que no se borra ni en estado de reposo.

“Actuar es fácil, pensar es difícil”, decía Goethe (y añadía: “actuar según se piensa es aún más difícil”). Lo cierto es que es más fácil cambiar la manera de comportarse que la manera de pensar. Y, sin embargo, la historia nos muestra que el cambio cultural es posible. Por ejemplo, durante milenios se ha dado por hecho en prácticamente todas las culturas que unos seres humanos son superiores a otros: los varones a la mujeres, unas razas a otras razas, unas “clases sociales” a otras… Hasta que hace tan solo 70 años la humanidad reconoció que “todos los miembros de la familia humana poseen la misma e intrínseca dignidad”.

[quote_right]La historia demuestra que muchos cambios sociales han tenido su origen en el convencimiento de el cambio era posible y necesario.[/quote_right]

Recordemos que, hasta hace relativamente poco, se consideraba que la esclavitud es necesaria para el funcionamiento económico de la sociedad (¡en España se abolió definitivamente la esclavitud en 1880, poco antes de que nacieran mis abuelos!). Incluso en sociedades “cristianas” se aceptaba como natural, normal y necesario que hubiera personas esclavas, cosa que hoy nos estremece. Durante siglos se ha pensado -y también en culturas cristianas- que se debe quitar la vida a los criminales y suprimir a los enemigos. Y que los gobernantes, reyes y emperadores tienen, “por gracia”, poder absoluto. Y tantas otras creencias culturales que hoy nos hacen llevarnos las manos a la cabeza.

La historia nos muestra que el cambio cultural es posible, que sí se puede. Eric AlvarezTodo eso se ha visto como “natural, normal y necesario”. Y, con el tiempo, los seres humanos hemos ido creciendo en conciencia y en “humanidad” y nos hemos ido dando cuenta de que es indigno del ser humano el seguir pensando así. De la misma manera que nos llevamos las manos a la cabeza por principios culturales del pasado que hoy están superados, ¿no podemos pensar que, tal vez, algunos de nuestros condicionamientos culturales de hoy pueden ser relativos y pasajeros?

Por ejemplo, el principio de que el beneficio económico es el gran valor que rige la vida social. O que no podemos concebir una economía sin crecimiento material. O que los recursos de la naturaleza -incluidos los animales- están ahí para beneficio propio. O que necesitamos comer proteínas animales. O que no podemos prescindir del petróleo… Pero de todas ellas, la creencia cultural más determinante es la de que “no podemos hacer nada”.

[quote_right]Algunos de nuestros condicionamientos culturales de hoy pueden ser relativos y pasajeros.[/quote_right]

Cuando alguien pone en cuestión principios así se le tacha de idealista, de no tener los pies en la tierra. Y, sin embargo, “No hay nada más práctico que una buena teoría” (Kurt Lewin, psicólogo polaco). Para empezar a cambiar el mundo, lo primero es estar convencidos de que otro mundo es posible. “Lo conseguimos porque no sabíamos que era imposible”, decían los jóvenes en París en 1968. La historia demuestra que muchos cambios sociales –y cambios a mejor– han tenido su origen en el convencimiento de muchas personas de que había un “error de programación cultural” en nuestra manera de pensar y que el cambio era posible y necesario.

Esta sección de la revista quiere expresarse “con los pies en la tierra”, hablar de cosas prácticas, de cambios en el comportamiento. Empecemos por darnos cuenta de que junto al cambio en la manera de vivir está el cambio en la manera de pensar. Es una cuestión cultural. Y es posible.

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@jmeizaguirre