En España, la riqueza de tres personas -Amancio Ortega, fundador de Inditex, su hija Sandra Ortega Mera y Joan Roig, presidente y principal accionista de Mercadona- equivale a la riqueza del 30% más pobre del país, según el Informe de la Desigualdad, presentado el pasado mes por la organización Oxfam Intermón. Este dato de abrumadora desigualdad demuestra que hay muchas cosas que no funcionan en el actual sistema capitalista, neoliberal, en el que la persona es simplemente un objeto de producción y un objeto para el consumo. El beneficio es lo único importante y cuanto más, mejor.

Mercado San Fernando en Madrid. Foto/ J.I. Igartua

Esta realidad, por cierto nada nueva, ha ido generando a lo largo y ancho del planeta no pocos movimientos de personas, de familias, de empresas, que quieren transformar la sociedad en la que viven mediante la producción y el consumo responsable. Poco a poco, la economía alternativa y solidaria gana espacio en la mastodóntica estructura económica en la que estamos. No es un trayecto fácil, pero siempre se ha dicho que todo camino comienza con un primer paso.

Uno de estos pasos es el Mercado Social, que se define como una red de producción, distribución y consumo con criterios éticos, democráticos, ecológicos y solidarios. Fernando Sabin, miembro del Consejo Rector de Mercado Social de Madrid, concreta más señalando que “es un espacio de interacción en el que producción y consumo pretenden que cada vez haya más oferta de bienes y servicios que se producen de forma ética y responsable”.

Según la Asociación de Redes de Mercado Social, de la que forman parte REAS (Red de Economía Alternativa y Solidaria), Coop57(servicios financieros éticos y solidarios), Fiare (banca), Seguro ético y solidario CAES, Som Energia (cooperativa de energías renovables), Centro de Información e Investigación en Consumo (editores de Opciones), Ecologistas en Acción (300 grupos), Diagonal (quincenal de actualidad crítica) y los mercados sociales de Aragón, Baleares, Euskadi, Navarra y Madrid, entre todas estas organizaciones suman más de 50.000 personas socias, 10.000 trabajadoras y más de 1.500 entidades organizadas.

Hay alternativas al consumoomo

Interior del Mercado. Foto / J. I. Igartua

En los diez últimos años han emergido muy fuertemente nuevas formas de hacer economía y nuevas formas de consumo, con prácticas muy innovadoras en sectores en los que no había alternativas, como los grandes oligopolios de la energía, la banca o las telecomunicaciones… Para Sabin, “nos encontramos que cada vez hay más gente haciendo cosas de otra manera: produciendo ecológico, produciendo local, favoreciendo lógicas de distribución de cercanías. Encontramos que hay una oferta más importante de banca ética; tenemos una oferta consolidada de servicios energéticos, se está implantando una nueva empresa de telecomunicaciones, tenemos ofertas en cultura, en servicios digitales, en servicios médicos… Empieza a ser una oferta significativa, por lo menos en su diversidad”.

Calidad de vida

Después de casi siete años de actividad parece que el campo de crecimiento es grande, porque cada vez hay más conciencia de que si no cambiamos las actuales formas de consumo acabaremos con el mundo, pero también que si seguimos produciendo y trabajando de la misma manera lo que tendremos son vidas que no merecen la pena ser vividas. “Tenemos que intentar trabajar lo necesario –señala Fernando Sabin-, poder disfrutar de la vida consumiendo menos, que lo que consumamos tenga principios y con menos necesidades de renta”. Está claro que parte de los objetivos que hay detrás de la economía solidaria, así como del mercado social, es mejorar nuestra calidad de vida, tanto individual como comunitaria.

Sabin reconoce que queda mucho por hacer, que “necesitamos ser una realidad más cotidiana” para llegar a los barrios, a las grandes poblaciones que rodean Madrid, por ejemplo, pero también es cierto que Mercado Social ha estabilizado un presupuesto de 40.000 euros anuales a base de cuotas, que es autónomo, que lo componen 125 entidades, que el Mercado San Fernando está ahí y que organiza una feria anual, con más de 10.000 visitas, que ”se hace gracias  a mucha militancia y mucho curro”.

Por eso Fernando Sabin cree que el resultado es digno y que “nuestra aspiración no es ser una burbuja de dignidad dentro de un mar bastante indigno. Lo interesante es que nuestra experiencia sirva para demostrar que hay prácticas diferentes que funcionan”.