A mi regreso de California donde he estado una semana participando en un Congreso con la comunidad hispana me acoge un Lavapiés en duelo cuyas calles rezuman una espesa tristeza que se pega a la piel y no hay modo de arrancarla. La alegría de mi barrio y su bullicio se la ha tragado el asfalto. La muerte de Mame Mbaye, nuestro amigo mantero, vendedor de zapatillas, que murió de un infarto al corazón en una de tantas persecuciones policiales a las que este colectivo se niega a acostumbrarse, ha puesto de manifiesto una vez más que hay vidas que no importan y que leyes como la de Extranjería condenan a la criminalización y la exclusión.

Lavapiés se despierta con dolor y tristeza tras la muerte de Mame

Mame Mbaye Ndiaye durante una manifestación por la despenalización de la manta. FOTO: BYRON MAHER

Mame llevaba en España 12 años y medio, tenía un arraigo social importante. Formaba parte de la Asociación sin Papeles y del Sindicato mantero y latero. Le encantaba el futbol y participaba en varios equipos deportivos. Era un excelente cocinero y un buenísimo animador de grupo. Le encantaba pintar, aprender y estar con la gente. La manta no era su sueño sino el único recurso de supervivencia al que tuvo acceso, porque como tantas veces voceó en las concentraciones por la despenalización de la manta sobrevivir no es un delito. Sus sueños eran otros: tener un pequeño negocio, ir a ver a su familia, que sus hermanos estudiasen…

Dolor, indignación y rabia

Mi barrio llora su pérdida… la llora con dolor y solidaridad buscando espacios y tiempos para estar juntos, organizando comidas en común para recordarle y recoger apoyo para repatriar el cuerpo. Pero Lavapiés también llora de indignación y rabia para que no se repita exigiendo el fin de la violencia policial y el racismo institucional hacia este colectivo. Lavapiés se duele de la manipulación mediática, de las imágenes descontextualizadas que algunos canales de tele basura han difundido para estigmatizar y criminalizar las vidas de los últimos de la ciudad en lugar de mostrar la dignidad su lucha, sus sueños, su resiliencia, su sentido comunitario, su esperanza contra toda desesperanza.

Tenemos tristeza y sentimos pérdida, pero el espíritu de Mame permanece entre nosotros. Nos deja su fuerza, su risa, su letra en tantas pancartas, la denuncia de toda frontera visible e invisible que nos enfrenta a unos seres humanos contra otros, según el lugar donde hayamos nacido, el color de la piel, tener o no tener papeles. Nos deja también su grito contra toda forma de poder y violencia que declara ilegales y descartables a quienes migran para vivir y conviven hoy entre nosotros.Quizás este dolor nos haga más fuertes.