Nunca fui a Taizé. Fui de esa generación de jóvenes de la que nuestra fe estuvo atravesada fuertemente por lo social y sospechábamos del “efecto Taizé” como una espiritualidad intimista. Fue con el paso del tiempo, liberada de los purismos de la juventud, cuando empecé a descubrir el kairós de Taizé en la vida de la iglesia y en la de tantos miles de jóvenes en el mundo, más allá de mis prejuicios. Fueron sin duda las vidas tocadas por Taizé las que modificaron mi percepción y me convirtieron a la simplicidad, la hondura y la profecía callada de la espiritualidad de este monasterio, símbolo de la hospitalidad, la no violencia y el ecumenismo.

Pepa Torres habla del libro Vidas tocadas por Taizé de Cristina RuizDesde entonces en el ámbito de lo social he cruzado mi vida con activistas contra las fronteras, cooperantes, profesores de la universidad, trabajadores y educadores sociales, sociólogos y periodistas comprometidas, como Cristina Fernández, la autora de este libro, cuyas vidas confirman que Taizé es la patria de su fe y de su compromiso con la justicia. En el contexto del recién encuentro de jóvenes celebrado en Madrid, en diciembre de este año pasado, la publicación de este libro es un regalo para la memoria y el corazón. Nos recuerda, como diría el Hermano Roger, que hay realidades que embellecen la vida llenándola de alegría y felicidad interior que ensanchan la existencia para siempre y nos llevan a ensanchar la de los demás.

Cristina Ruiz se aventura en narrar la realidad de Taizé vivida en primera persona por ella misma y su familia y a través de cinco conversaciones con personas muy diversas a las que Taizé les cambió la vida y a las que presenta como símbolo de algunos rasgos identificatorios de esta espiritualidad:

  • El hermano Charles-Eugéne: la colina y la acogida como el ADN de la comunidad
  • Clémence Desxchamps: la oración o el misterio de la escucha y la confianza.
  • Sister Lorella: los jóvenes y la búsqueda de cómo ser un ser humano.
  • Edson García: la sencillez y la comunión con los desposeídos.
  • Amaya Valcárcel: la solidaridad con las personas migrantes y refugiadas.
  • El Hermano Alois, actual prior de Taizé, y sucesor del padre Roger: la comunión y el cambio de mirada.
  • Esther Calzada: la peregrinación de la confianza.

El libro constituye una auténtica aventura interior que evoca y provoca, como señala José Miguel de Haro en su prólogo, a no instalarse, no levantar muros, elegir amar y no temer ir de comienzo en comienzo.