Es un placer encontrar un libro en el que descubrir esas realidades que muchas veces solo conocemos por la versión distorsionada que los medios de comunicación dan de ella. La inmigración es una realidad con la que convivimos a diario. Vemos las tragedias en las noticias que siguen hablando de muerte de inmigrantes, como si tuvieran menos valor que las de otras personas, sin importar la historia humana que les ha hecho llegar hasta el punto de abandonar todo lo conocido para aventurarse a lo desconocido.

Seguramente todo nos suena, pero lo seguimos viendo desde la distancia, desde la apatía. Nos cuesta sentirlos como nuestros hermanos y hermanas. Las series de televisión no hablan de ellos, no son héroes ni heroínas (aunque sus historias nos puedan decir lo contrario); los informativos nos los pintan como delincuentes (top manta, “asalto” a las fronteras…), pero siguen siendo seres humanos en búsqueda, como cualquier otro.

portada del libro te protegerán mis alas de Jose Miguel Núñez, ediciones Carena

Ediciones Carena

Te protegerán mis alas, de Ediciones Carena, es la segunda novela del sacerdote salesiano José Miguel Núñez. En esta obra vuelve a escribir sobre seres humanos que afrontan y narran vidas normales, tan extraordinarias como la de cualquiera de nosotros, pero desde esa perspectiva que, sin darte cuenta, te va rascando el corazón, entrando de “a poquito” y haciéndote parte de la experiencia vital que el protagonista va viviendo.

Porque la historia no es otra cosa que una historia de amor, una bella relación de momentos que transcurren en la vida de uno de esos niños olvidados por la mayoría. Nacer y crecer en Togo, como un niño abandonado, sin conocer ninguna familia, sin sentir un abrazo. Sobreviviendo, porque esa es la mejor descripción del protagonista, un “súper viviente”. Sin dejar de mirar con esperanza a la vida.

Desgraciadamente no todas las personas que se encuentra por el camino van a facilitar la vida del protagonista. En algunos momentos serán personas movidas por el negocio, que consideran a la persona como una mercancía; en otros, será el sistema el que margine a aquellos que nacen en el lado malo de la frontera.

Pero encontrará a personas que apuestan por uno. Quizá uno de los ejercicios que podemos hacer mientras leemos el libro es preguntarnos quiénes son esas personas que apostaron por nosotros, que nos dieron alas con las que volar y alas bajo las que protegernos. También, por supuesto, una invitación radical a ser alas que protegen a los últimos y últimas de este injusto sistema, a los desprotegidos, a los desheredados a aquellas personas que siguen buscando una tierra prometida.

entrevista a Jose Miguel Núñez sobre el libro Te protegerán mis alas

Presentación del libro en Sevilla

“Todas las historias de aquellos que llegan a España son dramáticas”

No tuvimos la suerte de encontrarnos en persona con Pepe Núñez, como es cariñosamente conocido este salesiano, pero nos pudo dedicar un rato virtual para responder a las preguntas sobre la nueva novela que acaba de publicar. Director de la comunidad vocacional Bartolomé Blanco en Sevilla, este extremeño firma su segunda novela, tras Pasó la noche, amor.

El libro narra la historia de un togolés que cruza el mediterráneo. Entiendo que usted ha tenido contacto con ellos en las casas de acogida de los salesianos. Esta historia, ¿es la de una persona en concreto o ha tomado elementos de las distintas historias?

La historia se refiere a una persona real que acompañé muy de cerca pero, naturalmente, hay elementos en la narración que aglutinan otras experiencias y concentran otras realidades que he compartido a lo largo de todos estos años. La mayor parte de ellos los he vivido en primera persona con muchos de los chicos que conozco y con los que he hablado, a menudo, sobre sus historias personales.

Los primeros capítulos están localizados en Togo. ¿Ha estado allí? ¿En qué proyectos?

Sí, he estado en Togo en varios momentos y con visitas frecuentes, acompañando los proyectos que los salesianos tenemos en tres zonas del país: Cinkassé, en el norte; Kara, en el centro; y Lomé en el sur. Son proyectos de desarrollo y evangelización que atienden, preferentemente, a chicos de la calle en situación de exclusión social.

Allí destaca la labor de los misioneros en la figura de Pere Antonio. ¿Cree usted que es una figura, la del misionero, poco reconocida en la sociedad?

Siempre será poco el reconocer la entrega generosa y desmedida de personas que se dejan la piel por darle la vuelta a la realidad de los más excluidos. En el caso de nuestra sociedad occidental, quedan como referencias lejanas, casi heroicas. Sin embargo, en la mayoría de los casos, se trata de una admiración “a distancia” y con pocas consecuencias personales.

Sabemos que la realidad supera muchas veces a la ficción, pero tuve la sensación de que el protagonista consigue llegar a España por casualidad, porque se encuentra a muchas personas buenas que se juegan la vida o el futuro profesional por ayudar. ¿Todas las personas que llegan a España tienen historias como estas?

Todas las historias son dramáticas. Hay quien encuentra personas que ayudan y facilitan y la mayoría, por desgracia, encuentran dificultades y obstáculos que -en no pocos casos- son insuperables. En la historia del protagonista de la novela hay experiencias con personas buenas que no pueden dar un rodeo ante las dificultades de un ser humano que vive situaciones límite y se la juegan tendiendo una mano.

Otra de las figuras que se juegan el pellejo es un guardia civil, que se puede oponer a la figura de los policías marroquíes. ¿Conoce la labor de los cuerpos de seguridad fronteriza? ¿Cree que esa relación de buenos samaritanos es algo generalizado o lo que cuenta el libro es algo más común de lo que podemos imaginar?

Es una historia real, por difícil que sea creerlo. Pienso que hay mucha gente buena dispuesta a ayudar también en las fronteras y que está dispuesta a complicarse la vida por salvar a un ser humano.

¿Qué podemos hacer, desde nuestras casas, para limitar los negocios de las mafias que esclavizan y disponen de la vida de los y las inmigrantes, como en el caso del marino marsellés?

No sé qué podemos hacer a nivel individual, pero debemos tomar conciencia de su existencia. Denunciar y pedir a los estados que se unan en la lucha contra la trata de seres humanos y contra la vulneración flagrante de los derechos de las personas más desfavorecidas.

¿Cree que necesitamos empatizar más con la persona inmigrante para ser capaces de mejorar nuestra acogida en Europa?

Creo que es una asignatura pendiente en nuestra sociedad del bienestar. Hay todavía demasiados prejuicios contra quienes consideramos que no son de los nuestros. Si a eso le añadimos que vivimos en una realidad excesivamente individualista, donde cada quien busca su propio interés, la dificultad para la acogida y para cuidar a las personas se hace todavía mayor. Para muchos, la lucha cotidiana es contra la indiferencia de la mayoría.

@jimenezjosel