amarlatrama-2.jpgTengo la convicción de que esto de resucitar consiste, fundamentalmente, en tener esperanza. En renovarla anualmente, en hacerla renacer igual que con la primavera nacen los brotes en los árboles que parecían secos, que parecían muertos.

En las calles de Chueca hay uno de esos árboles que este invierno ha sufrido no sólo las inclemencias del viento y del frío, sino también de las obras. El polvo de los ladrillos, los empujones de los camiones y sacos de escombros. Pero, desde hace un par de semanas, del árbol surgen pequeños brotes verdes que van creciendo, como para demostrar que sí, que hay vida a pesar del sufrimiento, los golpes y los empujones.

En las calles de Chueca también vive Jorge Drexler y a ellas canta muchas canciones de su nuevo CD, “Amar la trama”. Un disco que –¿casualmente?–, tiene mucho de primaveral y de esperanzador, un disco que habla de resurrección y de renacer de las energías. “Amar la trama más que el desenlace” es apasionarse por la vida en el transcurrir de su día a día, sin preocuparse de cómo acabará, sino del camino que se va haciendo.

Los días raros son muchos y los días buenos, raros”, pero a esos pocos días merece la pena cantarles y disfrutarlos. Encontrar en ellos signos por los que vale la pena caminar. Descubrir los destellos que indican que sí es posible ser feliz en este mundo loco y colaborar a que los otros sean un poco más felices también.

Por eso el músico uruguayo canta que, “aunque no haya una razón, todos a sus puestos, la vida puede que no se ponga mucho mejor que esto”. Seguro que hay demasiadas cosas que son utopías, muros que parecen demasiado altos como para derrumbarse, jerarquías que parecen demasiado sólidas como para ser tiernas. Pero rebrota la esperanza, de pronto. Y es entonces Jorge Drexler canta, “por una vez que no duele, todo el mundo a bordo”, alentándonos al movimiento, a la resurrección. Su música parece que invita a ‘arreglar esto entre todos’, pero no desde lo negro y gris, sino desde la esperanza y la luz. “Que la pena cante hoy en oídos sordos”.

Un disco llenísimo a reventar de energía positiva, no sólo en sus letras sino también en su música, grabada en directo, a la antigua. Con un estallido de saxofones y demás instrumentos de viento, con marimbas y percusiones, con cajitas de música y unos pocos samplers. Unas cuantas canciones que enseñan a ser y hacen sonreír.

Renacer, avanzar, resucitar, dejar que la nostalgia “nos bese la cara seca, como el sol de los domingos besa la plaza de Chueca”. Y, muy cerca de allí, un árbol lleno de brotes para mirarlo desde la ventana de la oficina.

cristina@alandar.org