El pasado jueves 13 de octubre celebramos un nuevo evento especial para los miembros del Club de Amigos y Amigas de alandar. Nos reunimos una veintena de personas en torno a esta iniciativa, que se ha consolidado como un importante elemento para acercar la revista a ese núcleo de suscriptores y colaboradores más cercanos (nuestros queridos miembros del club) y como una herramienta para seguir trabajando para asegurar la sostenibilidad económica de la revista a corto y medio plazo.

Volvió a acogernos la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, esta vez con un acercamiento a la espiritualidad que emana de la persona de Enrique Martínez Lozano.

Encuentro de Amigos de Alandar con Enrique Martínez Lozano

Luismi Uriarte con Enrique Martínez Lozano. Foto: Alandar

Tras una interesante reflexión previa sobre lo que él entendía por espiritualidad, no nueva, pues es la que ha emanado siempre de los grandes místicos que, en su consideración, entronca con ese estado de consciencia que denomina “no-dual”, sobrevino un, por momentos, encendido y alumbrador coloquio con las amigas y amigos presentes.

Para Enrique, lo que él experimenta e intenta transmitir en sus encuentros y en sus libros se ventila en ser capaces de conocer y vivir lo que somos. Este conocimiento o sabiduría no es distinto de lo que se llama habitualmente “consciencia” y emerge en la persona que saborea el fondo último de la realidad, que es, a la vez, su propio fondo y que “únicamente se puede conocer cuando se vive”.

Nos reconoció que en torno a la no-dualidad se ha generado un debate, pero que él percibe confuso porque no habla del estado de consciencia no-dual, sino del “concepto” de no-dualidad.

Ese error de partida es para él lo que conduce a la confusión, porque no se habla “de lo que es” sino de lo que “se piensa que es” y la mente, que es dual, no puede entender el fondo de lo real que es no-dual (“No sé que es lo que soy… pero sé que soy”).

Para Enrique las creencias, que son construcciones mentales, obstaculizan llegar a la verdad. La mente dual separa, fragmenta, pero la realidad es no-separada y el amor es la certeza de que somos no-separados.

Estas aseveraciones, junto con otras, como que la mente no ve la realidad sino la interpretación que de ella hace, motivaron intervenciones en uno y otro sentido. Algunas destacaban la razón, la dialéctica, el yo, como fundamentales para entender la excelencia del ser humano, pero Enrique siguió insistiendo en que el yo no es nuestra identidad real, que hay que desprenderse de él, que hay que pasar del pensar (“dual”) al estar atentos (“conocimiento por identidad”, “silencioso”).

Otras intervenciones cuestionaron esta espiritualidad por ser muy abstracta y difícil de “explicar”, pero Enrique está convencido de que es la gente más sencilla la que muestra una mayor capacidad para sintonizar con ella.

Preguntado por lo que Jesús suponía para él, contestó que “lo que es Jesús, lo somos todos”. Nos dejó, en este punto, una rotunda reflexión: “Jesús es lo que ocurre cuando Dios habla a un ser humano sin obstáculo alguno”.

Vivimos una jornada profunda e intensa con Enrique, que, como dice su amigo y poeta Vicente Gallego en el prólogo de su último libro, La dicha de ser. No dualidad y vida cotidiana: “Enrique no es cordial, es la cordialidad misma tomando forma humana. Sus argumentos verdean de júbilo, ya que son pronunciados desde la vivencia de la gratitud sin causa”.

Enrique nos ayudó a sentir “la dicha del ser”, nos animó a estar conscientes y presentes, así disfrutamos de un nuevo y sugestivo encuentro en el Club de Amigos y Amigas de alandar. Os volveremos a convocar porque, como siempre decimos, “queremos tener a los amig@s muy cerca”.