Por Lucía López Alonso

Dicen que las tortugas son abuelas desde la cuna, porque ya nacen llenas de arrugas. En El camino de los refugiados, novela de literatura juvenil publicada por Laude Edelvives, los protagonistas tienen prisa porque son una familia de refugiados sirios que vienen huyendo de la guerra y del miedo a una muerte segura. Pero avanzan despacio, como las tortugas, por la multitud de dificultades que van encontrando por el camino: en la salida de Siria, en el paso por Turquía, en el trayecto en una barca de goma teledirigida por la mafia, en el paso de Grecia a Macedonia y en la ruta de los Balcanes. Ruta que resulta mucho más que una carrera de obstáculos.

¿Cómo transmitir a un niño de 13 o 14 años de nuestra sociedad, al que le quedan tan lejos las calamidades de ese camino, el verdadero drama que están sufriendo miles de familias que buscan refugio en Europa? Haciéndole pensar –a través de la narración de Nabil, el hermano mayor- en las dos personas que un niño de esa edad puede considerar más frágiles que a sí mismo: su hermana pequeña y su abuelo.

Irene López Alonso escribe "El camino de los refugiados" sobre la experiencia cruzando el mediterráneo de los migrantes.Ese es el enorme triunfo de El camino de los refugiados: la capacidad de la autora, Irene López, para narrar un calvario que nos parece anónimo cuando lo vemos en la tele (en caras aplastadas contra el cristal de algún tren; en mujeres con velo que acarrean bolsas o bebés; en esas cifras que funcionan como máscaras y nos impiden ver los rostros…), acercándonos a las personas que más daño nos puede hacer ver sufrir. Los más vulnerables de toda familia.

Y es que todos seríamos Nabil si nos dijeran un día que nuestros hermanos menores y abuelos tienen que montarse en una barca sin saber nadar, caminar sin descanso, sentir hambre y frío sin consuelo o ser tratados como objetos por algún desconocido. Todos buscaríamos una respuesta mágica a los interrogantes que surgen durante el drama. Como el juego de pruebas que Nabil recrea para su hermanita.

[quote_right]El camino de los refugiados narra un calvario que nos parece anónimo cuando lo vemos en la tele
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Sin embargo, a su abuelo no puede mentirle. A su edad, nadie le haría creer que la guerra es un juego. El abuelo Tuga –sabio, lento, tranquilo, arrugado y cargado como una tortuga- señala a Siria con el dedo y le cuenta a su nieto que ahí se ha dejado su caparazón. Su casa, sus recuerdos, su armadura, sus entusiasmos. Que ha dejado todo eso atrás a cambio de una tarjeta de ciudadanía que no sabe si conseguirán.

Porque, como las tortugas, el abuelo de Nabil no tiene dientes para encarar la guerra, pero sí la paciencia necesaria para recomenzar su vida muy lejos.