Dicen que poner los pies en el antiguo campo de exterminio de Auschwitz es una experiencia que cambia la mirada de las personas. Caminar por esos terrenos donde fueron asesinados más de un millón cien mil seres humanos –por poca sensibilidad que se tenga– remueve la conciencia y hace reflexionar sobre los límites del odio y la maldad.

La exposición sobre Auschwitz refleja el horror y la muerte que se produjo

Vista de la exposición. Foto: Jesús Varillas

Sin embargo, no todo el mundo tiene la oportunidad de viajar hasta la ciudad polaca de Oświęcim, en cuyo territorio ocupado se estableció aquel centro del horror. Por ese motivo se ha puesto en marcha la exposición ‘Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos’, concebida y diseñada por la compañía española Musealia, que puede visitarse actualmente en el Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid.

La muestra traslada durante unas horas a los visitantes al mayor de los campos nazis alemanes –a lo largo de un espacio de 2.500 metros cuadrados– gracias a más de 600 objetos originales. El origen y desarrollo del campo, su funcionamiento y, sobre todo, las personas que pasaron por él –tanto víctimas como victimarios– se ven reflejadas en esta exposición, que ha recibido más de 200.000 visitantes durante sus primeros 100 días de apertura.

El relato se construye, por un lado, a partir de grandes piezas como un barracón original procedente de Auschwitz III – Monowitz (uno de los subcampos en que se dividía Auschwitz destinado principalmente al trabajo forzado) o un vagón original de la compañía nacional alemana de tren, la Deutsche Reichsbahn, del modelo empleado durante la Segunda Guerra Mundial para el traslado de soldados, prisioneros de guerra y judíos deportados hasta los guetos y campos de exterminio.

Personas como tú y como yo

Pero por otro, también se muestran al público pequeños objetos personales de algunas de las víctimas y verdugos: gafas, maletas, manuscritos, vajillas, ropa de bebé, trajes de prisioneros… Detrás de cada objeto, una historia humana real que permite conectar con la tragedia de lo que allí ocurrió. Quien recorre las salas de la muestra puede poner rostros y, sobre todo, puede sentirse en los zapatos de aquellos que fueron masacrados o incluso ponerse en el lugar de los propios nazis y descubrir que todos somos capaces de perpetrar ese horror.

Además, la exposición incluye elementos estructurales del campo, maquetas, documentación y material audiovisual inédito, lo cual permite tener una visión amplia de lo que allí se vivió. Esto ha sido posible gracias a un equipo multidisciplinar de expertos liderados por el historiador Robert Jan van Pelt, junto al equipo de comisarios, conservadores, archivistas e investigadores del Museo Estatal de Auschwitz – Birkenau, custodio y gestor de los restos del antiguo campo nazi alemán de concentración y exterminio, hoy patrimonio de la Unesco. De la colección de dicho museo proceden la mayor parte de las piezas que conforman la muestra, aunque también más de 20 coleccionistas privados, instituciones y museos, entre los que destacan Yad Vashem (Jerusalén) y el United States Holocaust Memorial Museum han colaborado en la creación de la que es la primera exposición itinerante sobre el campo.

Las principales víctimas de Auschwitz fueron judíos, polacos, gitanos, prisioneros de guerra soviéticos y de otras nacionalidades (checos, bielorrusos, franceses, alemanas, austríacos, rusos, eslovenos y ucranianos en su mayoría) y personas de otros colectivos considerados por el régimen de Hitler como “elementos indeseables”, como los homosexuales. Hombres, mujeres, niños, niñas, ancianos y jóvenes. Incluso católicos como el clérigo franciscano Maximiliano Kolbe, que se intercambió por otro prisionero Franciszek Gajowniczek –un padre de familia– que estaba siendo conducido a una celda subterránea para morir de hambre.

De los 1,3 millones de personas deportadas a Auschwitz, apenas se registró e internó en el campo a unas 400.000, puesto que se calcula que los 900.000 prisioneros restantes fueron masacrados en el plazo de solo unas horas desde su llegada en tren al campo. El resto iban siendo asesinados poco a poco, puesto que también se les aprovechaba como mano de obra para trabajos forzados, servicios y otras tareas para el funcionamiento del propio campo. Fueron sólo unas decenas de miles las personas que lograron sobrevivir y recuperar la salud para contarlo.

La intención de este emotivo y riguroso recorrido por uno de los capítulos más oscuros de la historia de la humanidad es agitar las conciencias del mundo y servir como advertencia universal de los peligros derivados del odio y la intolerancia. Ocurrió en el corazón de Europa, en el seno de la sociedad más avanzada tecnológicamente de su época. No hace mucho. No muy lejos. Por lo que recordar y tener presente la mayor masacre perpetrada en el siglo XX es una necesidad para nuestra sociedad y para la educación de las nuevas y futuras generaciones.

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Paremos el odio, defendamos la convivencia

En el marco de la Semana para la Eliminación de la Discriminación Racial y el 70 aniversario de la Declaración de Derechos Humanos, la Plataforma Pacto de Convivencia, compuesta por representantes de instituciones colegiales, universitarias, confesiones religiosas, ONG y otros colectivos de la sociedad civil, ha homenajeado hoy a las víctimas de delitos de odio en la exposición ‘Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos’. En la ceremonia se leyó un comunicado bajo el título ‘Paremos el odio, defendamos la convivencia’, además se reiteró la necesidad de reflexionar sobre el genocidio nazi como advertencia frente a las dimensiones del odio en la sociedad y la responsabilidad ciudadana en la formación y promoción de una sociedad democrática y comprometida con los Derechos Humanos. Durante el acto, Kenia Carbajal, hija de Lucrecia Pérez, primera víctima de delito de odio de la España democrática, manifestó que “hoy vemos reflejadas en Auschwitz a todas las víctimas de la violencia, de la vulneración de los Derechos Humanos, y de los delitos de odio, en cualquiera que sea su forma”. Además, con el comunicado las entidades firmantes reiteraron su propósito de trabajar unidos para lograr una sociedad capaz de convivir en la pluralidad y el respeto mutuo. De la misma manera, se comprometieron a desarrollar líneas de trabajo conjuntas para poner fin al odio y apostar por la convivencia.