Hasta el 25 de febrero puede verse en Madrid una exposición retrospectiva de Alphonse Mucha en la que se muestra su lado espiritual más desconocido por el gran público.

Alphonse Mucha realizón un libro sobre el Padrenuestro

2. Quinta página alegórica de Le Pater: “Danos hoy nuestro pan de cada día”, fotograbado

El artista checo Alphonse Mucha es conocido incluso por quienes no saben su nombre. Hemos visto sus creaciones en chocolatinas, posters, vidrieras. Sus carteles, decorados con mujeres sensuales, flores y formas geométricas están en el imaginario colectivo cuando hablamos de una época, el Art Nouveau, que cambió la historia del arte y la decoración.

La mayor parte de sus obras más características pueden verse hasta el 25 de febrero en el Palacio de Gaviria de Madrid, gracias a una exposición retrospectiva organizada por la entidad italiana de gestión cultural Arthemisia. Una muestra amplia, con más de 200 obras procedentes en su mayoría de la Mucha Foundation y comisariada por la historiadora del arte Tomoko Sato.

Personalidad polifacética

Entre las piezas expuestas se encuentran algunos de los clásicos de Mucha: las estaciones del año, los carteles de teatro realizados para Sarah Bernhardt, los anuncios para prensa… Pero el recorrido por su biografía muestra dimensiones mucho más diversas que la mera estética y la sensualidad femenina. Así, la exposición está dividida en seis secciones que reflejan sendas facetas de la personalidad del artista: bohemio, retratista, cosmopolita, místico, patriota y filósofo.

Tras el artista aparentemente frívolo el público descubre a un creador de gran profundidad y formación humanística, con una inquietud social y una espiritualidad desbordante. El Mucha más desconocido en cuya obra se reflejan, además, los hechos históricos de una de las etapas más turbulentas de la historia de Europa: la Primera Guerra Mundial y el periodo de entreguerras.

En este sentido, es especialmente sorprendente su faceta como pensador político. Mucha fue un firme defensor de la independencia de su patria checa del imperio de los Habsburgo. Supo expresar con fuerza el sueño de la unidad de los pueblos eslavos, escogiéndolo como tema de las obras de su último periodo artístico, en particular para el ciclo de veinte cuadros históricos monumentales titulado Epopeya eslava (1911-1926), cuyos bocetos pueden verse en la exposición en Madrid.

Una visión del padrenuestro

Alphoonse Mucha muestra su lado más espiritual en la exposición del Palacio de Gaviria

Portada de Le Pater, volumen ilustrado por Mucha y editado por H. Piazza et Cie, París

Junto a ese compromiso público, la muestra presenta a un ser humano profundamente espiritual. Mucha tenía pasión por el ocultismo, entendido como rama de la teosofía que busca la verdad espiritual trascendiendo el mundo visible y material. Además, en 1898 el artista se unió a la logia parisina del Gran Oriente de Francia —la orden masónica más antigua e influyente de la Europa continental—, que fomentaba el desarrollo del género humano y la conciencia de la libertad.

Las influencias del espiritualismo y la filosofía masónica en las obras de este artista se ponen especialmente de manifiesto en su libro ilustrado Le Pater, que también puede verse en la exposición de Madrid dentro de la sección “El Místico”. Publicada en 1899, esta obra es en realidad una edición ilustrada del padrenuestro, realizada con el objetivo de transmitir a las generaciones futuras un mensaje sobre el progreso de la humanidad. A través de la oración más significativa del cristianismo, el artista quería mostrar el camino para que el ser humano alcance el ideal divino, el estado espiritual más elevado posible: la Verdad universal.

Para elaborar este personal padrenuestro, Mucha analizó cada uno de los siete versículos que componen la oración y los desarrolló en composiciones de tres páginas cada uno. La primera de estas páginas incluye el versículo en francés y en latín realizado en color a base de tipografía decorada suntuosamente con flores y una figura femenina simbólica. La segunda página, también en color, muestra una decoración de patrones florales y un texto del propio Mucha interpretando el versículo correspondiente. Por último, la tercera página es un grabado en blanco y negro en el que, a través de un dibujo alegórico, el artista da una respuesta filosófica al versículo.

Se trata de ilustraciones de gran belleza y dramatismo que, además, están llenas de simbología masónica. La pertenencia de Mucha a la masonería era una consecuencia de su espiritualismo. Mediante ese recorrido interior, el pintor llegó a sintetizar las tres virtudes fundamentales de la humanidad —belleza, verdad y amor—, convenciéndose de que la divulgación de este mensaje a través del arte contribuiría a mejorar el mundo y favorecer la evolución del ser humano.

Estas tres virtudes se reflejan también en una de las obras que cierran la exposición del Palacio de Gaviria: los dibujos preparatorios para un gran tríptico que Mucha nunca llegó a realizar. Entre 1936 y 1939, en los últimos años de su vida, soñó una obra de grandes dimensiones: La edad de la razón, La edad de la sabiduría, La edad del amor, concebida como un monumento a toda la humanidad. No le alcanzaron las fuerzas para llevarlo a cabo. En marzo de 1939 Alemania invadió Checoslovaquia y Mucha fue uno de los primeros en ser arrestados e interrogados por la Gestapo debido a sus actividades masónicas. Cuando lo liberaron, varios días después, su salud ya era precaria y murió el 14 de julio en Praga, poco antes de cumplir los 79 años de edad. Murió, pero sus deseos de trascendencia, paz y armonía entre los seres humanos siguen vivos en su obra, como demuestra esta exposición imprescindible que puede disfrutarse en Madrid.