La Pascua es tan importante para mí que cada año me empuja a desearos a todas y a todos que sea lo más feliz posible; así pues: ¡feliz Pascua! La viveza de la misma cobra un sentido especial cuando se han celebrado antes acontecimientos clave de la vida de Jesús como son, principalmente, el hecho de mostrar durante la cena pascual a sus discípulos y discípulas que, mientras vivió, no fue ningún prepotente que pidió que todo el mundo se pusiera a su disposición de manera incondicional, sino que se presentó como el más humilde de los servidores bajándose hasta aquello que parece casi detestable, a nivel del ser humano, como es el hecho de lavar los pies a quienes, en teoría, eran inferiores a él. Y también que fue coherente y vivió de esta manera hasta el final, lo cual le costó perder físicamente aquello que todas y todos más queremos, como es la vida. Por eso la Pascua es para mí tan importante; porque significa celebrar que todo esto no ha terminado en fracaso, sino que se ha convertido en la mejor de las noticias, como es el hecho de que la muerte no ha tenido la última palabra, sino que la vida ha terminado venciéndola y la sigue venciendo a través de tantas realidades, situaciones y personas que hacen todo lo que pueden y más para que todo el mundo viva con la máxima dignidad posible y consigan que la vida, la humana, sí -no hay que poner más apelativos ni nada que se le parezca- sea el don más preciado que tenga toda criatura que vive en la tierra. Por eso, quiero felicitar la Pascua a toda persona que, de manera individual, colectiva o comunitaria, se entrega para hacer de la vida el don y el misterio más sagrado de la humanidad.

Quiero felicitar la Pascua a todas y todos los que, desde la ciencia y la investigación, a pesar de que muchas veces no cuenten prácticamente con medios, se afanan todo lo que pueden para conseguir avances que curen enfermedades o hagan más ligero el dolor o el sufrimiento de tantas personas. Quienes desde esta misma ciencia investigan cómo conseguir elementos que ayuden a evitar que nuestro planeta siga subiendo por esta escalada loca que no tiene otro final que la degradación y la destrucción.

También felicito la Pascua a todas y todos los que desempeñan cargos importantes dentro del mundo de la economía y se esfuerzan por trabajar de manera honesta, intentando dejar de lado las fortísimas presiones que seguramente reciben, con el fin de poner, aunque no sea más que un pequeño grano de arena, de cara a que los países más pobres salgan de la miseria que los sacude, poniendo medidas para evitar que los más ricos dejen de explotarlos y darles las ayudas que en justicia les corresponde.

También feliz Pascua para las personas del mundo de la política: especialmente a aquellos y aquellas que, desde la sinceridad que los mueve a dedicarse a ello, porque seguro que hay, que son o al menos se esfuerzan por ser honestos y honrados, buscan el bien de los que menos tienen y de los que, por las circunstancias que sean, viven en situación precaria, en vez de dedicarse a vivir lo mejor que puedan, al tiempo que se procuran solo su bienestar de manera egoísta y totalmente insolidaria.

Feliz Pascua a todos los trabajadores y obreros de todo tipo, porque con su trabajo, más o menos duro, más o menos precario, están contribuyendo a que nuestro mundo pueda funcionar, aunque lo haga en ciertos momentos de manera escasa y muy limitada.

Feliz Pascua, con un cariño y preocupación especial, a los jóvenes y padres de familia, que está en paro o no tiene trabajo; su situación nos recuerda que celebrar la Pascua no debe ser una fiesta que nos introduzca en las nubes de nuestros bienestares personales, sino una exigencia a reclamar y exigir a quien tiene las competencias que les den lo antes posible este derecho tan fundamental como es el de un trabajo justo y digno.

Feliz Pascua a quienes están comprometidos con el mundo sindical: no escatiméis nunca ningún tipo de esfuerzos de cara a conseguir que la indignidad, la explotación y el abuso desaparezcan de todo tipo de trabajo.

Feliz Pascua a todas y todos los que están en el frente de todas las religiones o tienen responsabilidades importantes en las mismas. Creo que es de justicia empezar por felicitar la Pascua al papa Francisco por todos los esfuerzos que hace para introducir algunas -o muchas, para ser más exactos- dosis de aire fresco y de buen olor en una Iglesia oxidada por todos los lados y gastada casi del todo, incapaz de infundir un poco de ilusión a tantos hombres y mujeres que se esfuerzan por vivir la fe dentro de ella, pero que terminan muchas veces abatidos y llenos de desencanto y desesperanza. Mi felicitación pascual a Francisco va unida al deseo de que el Jesús Vivo continúe insuflándole la fuerza y ​​el coraje que tanto necesita para continuar diciéndonos y enseñándonos que el Evangelio es la mejor de las noticias.

Feliz Pascua, también, a los responsables del resto de Iglesias y confesiones porque, al fin y al cabo, todas y todos creemos en el mismo Jesús o en el mismo Dios con nombres diferentes. Feliz Pascua a todas y todos los que os llamáis u os consideráis ateos, agnósticos o que no creéis en nada, porque con vosotros compartimos lo más maravilloso que tenemos los seres humanos, como es la humanidad y la vida, el gran don por excelencia y el primero y más importante de los sacramentos.

Feliz Pascua, a todas las personas que os indignáis por el hecho de ver cómo nuestro mundo crece en desigualdades con toda la gran dosis que ello conlleva a nivel de degradación para una gran parte de la humanidad: falta de trabajo, de vivienda, de escuelas, de hospitales, etc.; niños hurgando por las montañas de basura para poder comer algo o llevar algo a casa; niñas y niños también de edad cortísima siendo objeto de abusos sexuales, de explotaciones mineras, de trabajos indignos, malviviendo en la calle y sin nadie que los mime o les dé un beso lleno de calor humano.

Sí, feliz Pascua, porque, a pesar de que en muchos casos podáis hacer poco, porque no depende de vosotros ni tenéis instrumentos en vuestras manos para hacerlo, sois plenamente conscientes de que este mundo nuestro está muy lejos de parecerse, aunque fuera solo un poquito, al Reino que Jesús proclamó sanando a quienes estaban enfermos, dando un poco de alegría a los tristes, acogiendo a todos, fueran de la condición que fueran ideológica, religiosa o culturalmente.

Feliz Pascua, pues, con el mejor de los deseos de que las vidas de todas y todos sean cada día un poco más felices, juntando las manos para caminar como familia hacia la utopía de un mundo justo y fraternal.

¡Feliz Pascua!