Esta Mecedora se enmarca dentro del 35 aniversario de la revista alandar y en un mes en el que nuevamente se convoca a las amigas y amigos para compartir y celebrar los Premios alandar y este aniversario.

Sintiéndolo mucho no podré estar en esta ocasión. Pero ésta efemérides me invita a hacer un poco de memoria en la historia compartida con la revista: 18 años de los 35 que cumple.

Fue unos meses antes del cambio de milenio cuando me vino la propuesta de asumir la dirección de la publicación, una propuesta totalmente inesperada y que me pensé un poco porque no me veía demasiado en el puesto, pero que enseguida terminé aceptando.

Diez años estuve en la dirección en los que hicimos bastantes cosas y algunos cambios: una ampliación de capital con nuevos socios… fueron años económicamente duros en los que la búsqueda de la supervivencia casi era el objetivo principal, además de cumplir mensualmente sacando la publicación. Muchos fueron las amigas y amigos que salieron al paso con sus préstamos y donaciones que permitieron a la revista ir cumpliendo años. Formamos un equipo de redacción de lujo en el que los encuentros mensuales para programar los números se convertían en un momento de verdadero debate de los temas que íbamos a tratar, a veces discusiones acaloradas, pero nada que una buena cerveza con la que finalizábamos no pudiera aplacar.

Quizás pasase desapercibido, quizás no, pero uno de los cambios de los que siempre me sentí mas orgullosa fue la ampliación de la sección de Iglesia. Cuando llegué, el epígrafe de Iglesia acogía los escritos de sacerdotes, obispos, más sacerdotes… muchos prelados, escritos del Papa. Mi concepto de Iglesia era otro y enseguida lo lleve a esta sección: la iglesia pueblo de Dios, laicos, laicas y por supuesto también el clero. Abrimos una brecha amplia por donde se metió la Iglesia de base y por supuesto las mujeres. Dios me libre de decir que antes no estaban en alandar, no es así. La Iglesia de base estuvo desde sus primeros comienzos, pero en otras secciones, bajó la sección de iglesia era el clero quién tenía algo que decir.

Ahora cuando vuelvo la mirada a ese periodo siento que es un camino que hice muy acompañada. Más arriba hablaba del Consejo de redacción, pero también estuvieron los columnistas fijos que mes a mes acudían a su cita con la revista, las ursulinas que colaboraban en la oficina, las amigas y amigos que acudieron a nuestro auxilio prestándonos dinero, los suscriptores que nos arropaban en cada una de las fiestas de alandar… y todo esto desde la gratuidad y el compromiso con una iglesia, la de Jesús, la del compromiso con los más pobres y excluidos, con las mujeres…

En algún momento me sentí un poco puente: unión entre la generación fundadora de alandar y los que, más nuevos pero con la misma ilusión, tomábamos la antorcha para intentar seguir alumbrando esas zonas de la iglesia que nos gustaban menos y buscando compañeras y compañeros de camino para vivir el gran proyecto de Jesús de Nazaret.

Después de 10 años y con algunos cambios que cuento en otro apartado de la revista, crei llegado el momento del relevo, el momento de pasar esa antorcha a gente más joven y con ilusiones renovadas . Y ahí llegó Cristina y su equipo. Ella contará el continuará. Yo mientras tanto espero seguir contando con vosotras desde Mi Mecedora.