En el mes de septiembre se ha estrenado la película Francisco, el Padre Jorge. Desde la Casa de América, en Madrid, me invitaron a participar en un coloquio sobre la misma. La película está bien, es una película amable. Se nota que el libro en el que está basada está escrito por una persona amiga y que admira al papa, pero elude los temas que pueden ser más problemáticos en la vida del padre Jorge, no sólo cuando aborda el tema de su postura ante la dictadura, que la resuelve muy amablemente, sino que omite algunas posturas muy radicales que tuvo cuando se aprobó en Argentina el matrimonio homosexual. En una carta escrita a cuatro conventos de carmelitas, el padre Jorge comentaba: “No se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios”. Es cierto que en uno de sus viajes con periodistas dijo aquello de “Quién soy yo para juzgar a una persona gay”.[quote_right]Me gustaría ver el papel real de los laicos y me chirría la foto de los cardenales debatiendo de la familia cuando ellos ni tan siquiera han formado una[/quote_right]

He aprovechado la película para hablar de un tema que me preocupa desde hace tiempo. Me gusta este papa. Me gustan los gestos que está teniendo: su forma de acercarse a la gente, de dejarse tocar, de abrazar, besar… Descubrimos que se puede ser papa y humano. Normal. Lo anormal era lo de antes. A veces me molesta que se señale tanto el tema de los zapatos negros y sencillos del papa, cuando lo totalmente anormal eran los rojos de diseño del papa anterior. Me gusta este papa y lo que dice, Cartel de la película "Francisco"también lo que hace, pero… ¡siempre hay un pero! Tengo un poco de miedo a que todo esto, que está muy bien, adormezca y silencie las voces siempre críticas en la Iglesia -de alguna manera ya está ocurriendo- y nos quedemos en gestos y algunos cambios necesarios e imprescindibles y, sin embargo, aquellos de más calado -o que, al menos para mí, lo son- se pospongan y no acaben nunca de llegar.

Sueño con una Iglesia de iguales. Creo en una Iglesia sin Estado, comunidad de comunidades. Creo en una Iglesia donde lo anormal y lo que llame la atención sea vivir en grandes mansiones, ir en coches lujosos y mantenerse apartado de las comunidades. Y me gustaría que todo esto no estuviera bajo el criterio de la persona que en ese momento ejerciese el papado sino que fuese una exigencia de toda la comunidad. Creo en la Iglesia donde la mujer no sea considerada ciudadana de segunda (en la Iglesia, hoy por hoy, lo es). Es cierto que hay declaraciones que dicen lo contrario, pero a mí me gustaría ver ya los hechos. Me gustaría ver el papel real de los laicos y me chirría la foto de los cardenales debatiendo de la familia cuando ellos ni tan siquiera han formado una. Al final todas las decisiones en la Iglesia están tomadas por varones, célibes y de una edad ya muy considerable que obstaculiza los posibles cambios y acercamientos a la sociedad.[quote_left]El papa está haciendo cosas y por ello está siendo criticado por quienes defienden el inmovilismo.[/quote_left]

El papa está haciendo cosas y por ello está siendo criticado por quienes defienden el inmovilismo. Hay quienes temen por su vida. Otros hablan de un corto periodo y su posible dimisión por no poder soportar las presiones que está teniendo. Esto hace que yo aún tenga más prisa en pedir, exigir, los cambios que me gustaría ver en la Iglesia.

No sabemos cuánto tiempo nos escucharán en Roma, por eso creo que no es momento de callar. Es posible que esta columna no sea políticamente correcta, pero yo nunca lo fui. Lo siento.