Esta Semana Santa he vivido de una manera especial la pasión y el dolor encarnado en una persona querida. Han sido  días de enfermedad y sufrimiento en el hospital. Apenas he podido asistir a la liturgia de estos días, pero en los ratos que he arañado al tiempo he leído y, en la medida que he podido, he orado con los textos de Pepa Torres en el Retiro en la Ciudad que hizo el pasado año y que Cristianismo y Justicia  ha publicado en un cuadernillo con el acertado título de El Dios de la ternura, el cuidado y la misericordia “hasta el extremo”. Estos textos me han acompañado y me han ayudado. Quiero compartir desde esta Mecedora las resonancias del escrito del Sábado Santo. “Rasgar la vida para alumbrar lo inédito”.

Dice Pepa: “Las mujeres cobran un papel fundamental en los relatos de la Pascua. Ellas siguieron y sirvieron a Jesús con sus bienes por los caminos de Galilea y permanecieron fieles hasta el final, hasta la cruz. Son testigos, como tantas mujeres hoy, de la permanencia en las situaciones límite, donde lo que toca hacer es estar y acompañar la impotencia y el duelo, hasta que emerja lo inédito. Son testigos de la semilla del amor entregado, que, aunque invisible en el útero de la tierra, va poco a poco abriendo caminos hacia la luz, quebrando losas y sepulcros, alumbrando lo inédito, porque el Dios de Jesús no es un Dios de muertos sino de vivos. Por eso no es la nostalgia del pasado lo que ha de caracterizar la vida cristiana sino la pasión por la vida aunque haya que atravesar tiempos oscuros.”

Este texto me ha evocado a muchas mujeres, muchas: algunas anónimas, amigas, cercanas, empezando por la propia Pepa, que dan vida desde lo cotidiano, desde el silencio. Mi amiga Merche,  siempre disponible, siempre haciendo como quien no hace nada, siempre manteniendo…He recordado a mi madre que, a pesar de las dificultades, siempre salió adelante y siempre con alegría y con ganas de disfrutar de la vida compartiéndola con los demás.

En esta línea de mujeres que dan vida y propician la vida, quiero recordar a dos que conocí el pasado mes de marzo en el VII Encuentro Mujeres que transforman el Mundo, en Segovia. Dos excelentes y sencillas mujeres,  que su pasión por la vida las ha llevado a generar vida, aunque el camino no haya sido nada fácil.

Una de ellas, Leymah Gbowee.  Su tesón, su trabajo  y su pasión por la vida la llevó a recibir un merecido Premio Nobel de la Paz en 2011. Ella nos dejó un mensaje de esperanza: hay que luchar por los sueños y si lo hacemos juntas lo podremos lograr

La australiana, afincada en Grecia,  Melinda McRostie,  es otra de ellas. Regentaba y aún regenta el restaurante The Captain’s Table, en la isla de Lesbos. Pasó de atender a los turistas que llegaban a la isla a ser la tabla de salvación de los miles de refugiados que, desde 2010, fueron llegando en un número cada vez mayor. De las dos he hablado más detenidamente en el blog de Más de la Mitad.

La lista se me hace interminable y el espacio es limitado, pero desde aquí quiero rendir homenaje a todas las mujeres que son generadoras, parteras de vida. Os animo a descubrirlas a vuestro lado, ahí están, como las flores y la vida que nos rodea en esta primavera: haciendo más agradable nuestro camino.