Desde hace unos años a esta parte hay un amplio movimiento de denuncia, oposición y lucha contra lo que se conoce como tasa rosa y que no es otra cosa que la inexplicable diferencia de precios de muchos productos y servicios que, siendo iguales, cuestan más cuando son para mujeres. Ejemplos de ella pueden verse sobre todo en el sector de la cosmética y el cuidado personal ya que, según las grandes marcas de esta industria, las mujeres deben pagar más porque están más interesadas en la higiene y la cosmética personal que los hombres: maquinillas de afeitar/depilar que siendo básicamente lo mismo cuestan el doble (2,30 € por 10 unidades de mujer, 1,08 € por las mismas maquinillas, negras, estándar, “masculinas”); cualquier perfume o la mayoría de los desodorantes del mercado, ¿será que las mujeres como son más histéricas (ojo que lo digo con ironía, que nadie se me ofenda), se estresan más, sudan más y por eso necesitan desodorantes más caros?

¿Se paga más por diferente calidad del producto? No. Se paga el precio de formar parte de una categoría de consumidor. Ser mujer sale caro y a menudo no te das cuenta. Como sale más caro ser celíaco o intolerante a algunos alimentos, usar tallas grandes o ser gay entre otros tipos de consumid@r. Leo que un directivo del sector lo justifica de esta manera: “Si un hombre gasta menos en su higiene personal, para convencerle de que te compre tienes que cobrarle más barato. Es la ley de oferta y demanda”, o sea, como dijo Rodrigo Rato el otro día, “¡Es el mercado, amigo!”.

De la misma manera que el Estado cobra impuestos especiales sobre consumos específicos (gasolina, alcohol, tabaco…), las marcas de determinadas categorías de productos cobran entonces un plus simplemente por ser mujer. A veces se hace de manera descarada y a veces se disimula con envases diferentes, sutiles variaciones en la composición del producto, diferencias de tamaño o venta en departamentos separados para dificultar las comparaciones. Hay estudios que, comparando una cesta de la compra de productos similares pero en diferentes versiones según sexos, han calculado que la de los productos etiquetados para mujeres, al año, supone cerca de 1.300€ más de diferencia

Pero no todo está perdido. Nuestra compra es nuestro voto a pesar de D. Rodrigo Rato. O, precisamente por eso, porque es el mercado, amig@, porque nuestro poder como consumidor@s es fuerte, podemos y debemos hacer cambiar a las empresas. En estos días una muy conocida multinacional del sector de refrescos y aperitivos ha tenido que dar marcha atrás en su peregrina idea de lanzar un nuevo producto de maíz frito menos crujiente y ruidoso. La idea de producto quizá no era mala, pero la justificación que daba la marca es lo que le ha supuesto tener que abortar el despegue antes de llegar a los supermercados: la nueva chuchería crujía menos porque, según los de marketing, a las mujeres les desagrada hacer ruido comiendo, es visto como poco femenino. Una fuerte campaña en las redes sociales consistente en mujeres masticando ruidosamente ha hecho desistir a la marca de lanzar este producto.

¿Es el mercado, amig@? La entrada a determinadas discotecas y salas nocturnas es más barata, incluso gratis si eres mujer. Pero el mercado no es estúpido: si no te cobra, es que el precio eres tú, amig@.