Aquel lunes no había salido aún el sol cuando entendí que, de todas maneras, no iba a salir. La madrugadora radio nos despertaba con el ajustado “NO” pero no, al fin y al cabo, a los acuerdos de paz entre las FARC y el Gobierno colombiano. Unos acuerdos que serían a todas luces mejorables pero que suponían una apuesta y el comienzo de un camino que quedaba bruscamente paralizado por esa negativa. Gobierno y guerrilla debían volver a iniciar un largo proceso que se me vislumbra dificultoso, con múltiples obstáculos y que, sobre todo, nace de la perplejidad de un “no” inesperado. El domingo anterior, por la tarde, Marta y yo estábamos invitados a celebrar con la comunidad colombiana en Madrid la que se preveía como indudable victoria. No fuimos por casualidades de calendario y coincidencia de actividades, pero sabíamos que el “SÍ” era querido y celebrado y nos hubiera gustado celebrarlo.

Otro lunes, meses atrás, los británicos también fueron preguntados y desayunaron con un “SÍ” al Brexit, no a la Unión Europea. Eso te pasa por preguntar. Presidente Santos, primer ministro Cameron. Eso os pasa por confiar en la voz de la ciudadanía, por pedir opinión a veces obligados, a veces buscando un respaldo que no se obtiene aun por escaso margen. Ahora a ver que hacéis: Cameron, con buen tino y criterio, dimitir. Santos, menudo papelón, pues debe renegociar algo que no sabe muy bien por dónde coger, pues su propuesta era la que perdió. Eso sí, a menos se ha llevado un Nobel de consolación (y, ya que estamos, ¿por qué no se lo han dado ad aequo a Londoño, el líder de la otra parte? Pero esto es materia para otra columna).

Esto de preguntar parece que se ha puesto de moda desde que unos cuantos perroflautas iluminados decidieron tomar las plazas, acampar en espacios públicos y pedir que se oyera su voz, la de la ciudadanía, la de la calle, la de las personas. Democracia real, participación ciudadana, fueron palabros que empezaron a sonar en asambleas y encuentros…Y quisimos ser como los suizos, que votan todos los domingos, cantón a cantón, aquellas cosas que les parecen sustanciales e importantes para su convivencia. Sin embargo, como suele ser habitual, aquí lo que hicimos fue, en numerosos casos, quedarnos en el envoltorio y no con los contenidos. Ejemplos de buen uso de los canales participativos los hay y numerosos: presupuestos municiaples participativos, consejos ciudadanos, asambleas de barrio, de distrito, listas abiertas, etcétera. Pero contraejemplos también: para algunos, dar voz al pueblo es preguntar si la principal fiesta de la ciudad debe durar un día mas o no. Y entonces, como lo que se toca es algo sagrado para las personas, el 90% de los sevillanos y las sevillanas salen a decir que sí, que su Feria de Abril debe durar hasta el martes. Y el ayuntamiento hispalense tan contento, porque ha abierto cauces de participación, ha sido verdaderamente democrático y ha oído la voz del pueblo. Eso te pasa por preguntar. Quizá debía haber preguntado sobre otras partidas del presupuesto y del gobierno de la ciudad, algo más transcendentes pero quita, quita, no nos vaya a salir el voto por la culata, como a Santos, como a Cameron.

Lo único bueno de aquel lunes fue que en el referéndum xenófobo y antitodo de Hungría la ciudadanía había decidido quedarse en casa y mostrar así su desprecio.

@revolucionde7a9