Supongo que a estas alturas ya debe estar (casi) todo dicho de la película Campeones, pero no por ello voy a dejar de cimentar las impresiones que me llevé al verla. La película es altamente recomendable para ir en familia: nosotros fuimos los cuatro una tarde de domingo. Bueno, no, fuimos 16, pues a Martín (doce años), Miguel (diez), Marta (los mismos que yo) y yo se nos unieron un montón de familias de mi pueblo con hij@s en edades similares. ¡Incluso se vino con nosotros un peque de seis años! Supongo que conocéis el argumento (no os preocupéis que no destripo nada): un entrenador de baloncesto de prestigio es obligado por una jueza a realizar un trabajo al servicio de la comunidad como condena por conducir bebido. Este trabajo consiste en entrenar un equipo de baloncesto de barrio, compuesto por personas diferentes, con discapacidad intelectual.

La película es perfecta para visibilizar, sensibilizar, quitar miedos, normalizar relaciones. En general las escasas películas que han trabajado el tema de las discapacidades lo han hecho desde a) la lágrima fácil, b) el humor mordaz o c) el afán de logro y superación que coloca a la persona con diversidad funcional en la competencia más feroz con el resto de las personas, de tal manera que el éxito viene por hacer lo mismo, conseguir lo mismo pero con mucho más esfuerzo y, en definitiva, negar las evidentes diferencias. Campeones no hace nada de esto. Hay humor, mucho, pero tratado desde la perspectiva de alguien que ha convivido y ha comprendido bien a este colectivo de personas que a menudo saben reírse más y mejor. Hay denuncia, bastante, pero no tanto (no solo) sobre los estereotipos de las personas con discapacidad y las discriminaciones, prejuicios ect., que también la hay, sino sobre la precariedad del empleo, el abuso en las condiciones laborales, el paternalismo con que se les trata en la mayor parte de las ocasiones. Hay lágrimas, pocas y no fáciles ni diferentes de las que hay en películas que tratan otras temáticas. Hay logro y superación, competitividad, sí: no deja de ser una película ambientada en un deporte, con sus competiciones, torneos y resultados. Pero no trata este tema desde la perspectiva, facilona por otra parte, de competir con equipos tradicionales y previsiblemente ganarles, lo cual sería un final con clara moraleja. El equipo que entrena Javier Gutiérrez juega en una liga dónde todos los equipos lo son de personas con discapacidad intelectual y, por lo tanto, la competencia es sana, equitativa. Se pierde o se gana de igual a igual. En Campeones hay respeto, hay normalidad y por eso es una muy buena actividad para ver en familia un domingo por la tarde.

¿Si tuviera que elegir una sola frase, una secuencia? Aquella en la que uno de los jugadores le dice al entrenador “Si yo fuera tú, no querría tener un hijo como yo, pero sí un padre como tú”.

¡Feliz verano!