Mikey Mondejar tiene 25 años. A los diez le diagnosticaron síndrome de Asperger –un tipo de autismo-, que le hizo un vivir muy difícil en el colegio. Definir lo que le ocurría le sirvió para conocer qué sentía y cómo tratar de superarlo. También para saberse “etiquetado” para toda la vida.

Vive en complicidad con su padre, su hermano mayor -que ahora está en Inglaterra- y especialmente con su madre. Con un índice intelectual superior a lo “normal”, es bilingüe, licenciado en Filología Española, ha publicado el libro de poemas Veinte días a la medianoche, hace teatro, canta en un coro, trabaja con personas con síndrome de Down, se prepara para ser guía turístico… Está inscrito en el paro –seis meses de trámites- y no está de acuerdo con que su tarjeta sanitaria diga que es discapacitado, porque “soy un poco diferente, pero puedo ejercer una vida más o menos normal”.

Desde pequeño una de tus pasiones es la lectura.

Siempre me ha gustado leer. Más joven leía todo, hasta libros de recetas. Había fases en las que no podía comer en la mesa si no tenía un libro conmigo. Para mí la literatura fue una ventana a otro mundo.

 ¿Era un mundo especial?

Sí. Siempre me gustaba, especialmente con los cuentos, imaginar todo lo que estaba pasando. Así podía buscar un sentido de la vida a través de lo que experimentaba con el libro.

 ¿Cómo vives el paso del tiempo hacia tu juventud?

Hasta los 20 años pasé por etapas bastante duras, pero después me serené mucho y ahora estoy a gusto con quien soy. No veo el Asperger como una discapacidad, sino como otra manera de ser. Soy un poco diferente, pero puedo ejercer una vida más o menos normal.

Pese a su autismo y asperger, MikeyMondejar es poeta.

Mikey Mondejar, en un momento de la entrevista. FOTO J.I.I.

 ¿Cuándo sientes la necesidad de expresarte a través de la palabra escrita?

Normalmente cuando estoy en situaciones en las que me encuentro incómodo me pongo a escribir para decir por qué me siento así y ver cómo lo soluciono.

 ¿A quién muestras tus primeros escritos?

Normalmente a mi madre. Siempre me gusta una segunda opinión. Por eso estoy muy agradecido a la Fundación Argadini por publicar mi libro, pero aún más agradecido a la directora, Rebeca Barrón, que siempre me ayuda si tengo algún problema.

 ¿Hay otra persona importante en tu vida, María. ¿Quién es?

Es una terapeuta que me ha enseñado a creer en mí mismo y no verme como diferente, a valorarme por quién soy. Ha sido una amiga muy buena.

 ¿Tienes amigos, amigas?

Desde joven me fue difícil encontrar amistades. Ahora puedo decir que tengo tres amigas buenas (Ana María, Cristina y Aliona) y un mejor amigo (Luis). A las tres las conocí en el colegio. No encajábamos muy bien, aunque ellas son normales. Son las mujeres más majas que conozco y siempre estamos ahí si nos necesitamos. A mi amigo lo encontré en la universidad. Los dos teníamos pasión por el teatro.

 ¿Qué encuentras en el teatro?

Es donde experimento el mundo. A través de las obras veo cómo interactúan los personajes y así aprendo las maneras sociales. Si hay un personaje violento, lo interiorizo y me pongo a pensar que así no voy a ser. Tengo una mejor apreciación de todo lo que pasa en la vida. En el teatro todo se reduce a una pequeña escena, pero es un mundo entero.

 Tu primera obra es un libro de poemas, ¿por qué?

Me encuentro más cómodo. La prosa es el corazón y la meta, pero la poesía es el alma. Es donde muestras tu yo más profundo.

¿El poema No funcionó es sobre un amor no correspondido?

Lo escribí después de encontrarme con una chica en el metro. Pensamos que podíamos conocernos un poco más, pero después de tres semanas dijo que los dos buscamos cosas distintas. Fue honesta. No pasó nada, pero es una experiencia muy buena de la que se puede aprender.

 ¿Te has enamorado muchas veces?

No sé si lo llamaría amor. Las emociones las siento tan fuertes que me rompen a jirones, o son muy apagadas, como murmullos. Creo que tengo un gran corazón y me gusta compartirlo. Sí me he sentido atraído por algunas personas. De momento no ha funcionado, pero soy optimista.

 “Lloro en silencio/lágrimas sin voz…”, dices en otro de tus versos.

Esto habla de la frustración con los que me rodean y conmigo mismo. Escribí lágrimas sin voz porque es una lucha interna cuando la gente no ve lo que estoy sintiendo.

 ¿Lloras?

Sí. Es bueno porque es un desahogo. Sacas las emociones contenidas. Un hombre que llora es un hombre fuerte que no tiene reparos en mostrar sus emociones.

 ¿Quién es tu héroe del que hablas en un poema?

Toda persona, hombre o mujer, que a pesar de sentirse pequeño cada día hace el esfuerzo para superarse y decir: no sé si la vida me está saliendo patas arriba, pero sigo vivo y voy a seguir aquí. Lo escribí para hablar de personas con discapacidad, que aún así siguen viviendo plenamente lo que les ha correspondido.

 ¿Mantienes la curiosidad por seguir aprendiendo?

Siempre hay temas para descubrir, pero lo que más me gustaría es buscar la fórmula para relacionarme mejor con las personas, porque incluso siendo más maduro aún soy un poco “torpe” con situaciones sociales. A veces mi lenguaje es un poco brusco.

 ¿Cómo te planteas el futuro?

Esto lo pensé cuando cumplí 25 años, porque siento que he alcanzado casi todas las metas que me he propuesto. He estado en muchas obras de teatro, he escrito un libro, he conocido a muchas personas, tengo amigos muy buenos, estoy feliz conmigo mismo. He decidido que para los 50 sería bueno tener una pareja, hijos, pero es algo que viene con el tiempo. Es mejor vivir el día a día.

 ¿Qué posibilidades ves de entrar en el mundo laboral?

Estoy inscrito en el paro. Todas las cosas que hago son voluntarias. A través de Argadini tengo un puesto de trabajo en el Museo Nacional de Artes Decorativas, estoy haciendo prácticas para ser guía turístico. Espero que en el futuro me llegue un trabajo por el que me paguen. Hay tiempo.

 ¿Te dará miedo?

Me dará algo de miedo, pero si hay que hacerlo lo haré. El miedo me deja paralizado, porque temo cometer errores, meter la pata, pero tengo que mirarme en el espejo y decir: incluso si metes la pata  puedes volver a casa y decir “Lo has intentado, ahora a por lo siguiente”.

Igual esta tendría que haber sido la primera pregunta de la entrevista. ¿Por qué la aceptas sin pegas?

Siempre es bueno hablar de lo que siento y también del libro. Estoy orgulloso de haberlo hecho. También me gusta hablar de los demás y dar voz a quienes no pueden usar la suya.