La vida, normalmente y en todos sus ámbitos, es una sucesión de etapas. Mientras unas terminan otras comienzan. Es lo que ha ocurrido este mes en alandar, en donde vemos cómo nos deja su directora, Cristina Ruiz, y observamos la llegada de su sustituto, Miguel Ángel Vázquez, quien apunta que asume este reto con el listón alto dejado por las dos mujeres que le han precedido: Charo Mármol y la propia Cristina. Entre las dos acumulan dos décadas de responsabilidad, algo nada frecuente en una sociedad marcada por la desigualdad en esta como en tantas otras áreas.

En la decisión de Cristina hay una motivación clara: la maternidad y, con ello, conciliar la vida laboral y familiar. “También –añade- porque mi opción es por los pequeños, por los débiles, en estos momentos mi hijo. Pero también por alandar, porque creo que ahora la revista necesita a alguien que vuelque todas sus energías y todo su corazón en el proyecto para fortalecerlo. Miguel Ángel es esa persona”.

Cristina, en el momento de dejar la dirección de alandar, que no la colaboración, ¿qué balance haces?

C.R. : He dirigido alandar durante seis años, que han sido muy bonitos y de mucho aprendizaje. Como balance, a nivel profesional, me quedo con el cambio  de diseño de la revista. Cuando asumí la dirección se había hecho muy poco en este aspecto salvo el cambio de cabecera y un parcial rediseño. Su aspecto había quedado obsoleto. Cambiarlo fue un auténtico reto y un gran trabajo en equipo –trabajo en comisiones, diálogo sobre lo que queríamos y buscábamos-, queriendo seguir siendo fieles a los suscriptores de toda la vida. En cuanto a lo negativo, destacaría la caída de las suscripciones, siendo consciente de la crisis que vivimos en la prensa en papel, pese a los esfuerzos que hemos hecho para evitarlo. Hemos tratado de frenar la caída con las suscripciones digitales, aunque no han subido en la proporción que esperábamos.

Miguel Ángel, desde esta visión un poco negativa que ha hecho Cristina, ¿cuáles han sido los motivos para decir sí a la dirección?

M.A.: La verdad es que Cristina ha sido muy sincera, tanto en las sensaciones positivas con el equipo como en esas dificultades, que están ahí y que no son exclusivas de alandar. Son del periodismo, que en el caso concreto de una revista como la nuestra, con sus particularidades, se puede ver acentuado. Quizá lo que más me motiva es todo lo que contiene de reto. Un reto interesante porque no se trata de partir de cero, sino de integrarse en un bagaje de 33 años de historia y de experiencia. Alandar ha sido una revista con una voz muy poderosa cuando el discurso que se decía -y sigue diciendo- no era habitual. Ahora, con el nuevo papa y realidades sociales, podemos decir que es más mainstream (cultura de masas) y toca repensar cómo se sigue creciendo en esa cultura profética en el nuevo escenario. Ese insertarme en una tradición, que no es la mía directamente, ha supuesto una ilusión. Otro motivo ha sido sentir la confianza que me han dado Cristina y el Consejo de Redacción. ¡Ojalá, con el trabajo de los próximos meses, también cuente con la de los lectores!

Cristina Ruiz y Miguel Ángel Vázquez se dan el relevo en la dirección de la revista alandar.

Cristina Ruiz y Miguel Ángel Vázquez en un momento de la entrevista. Foto: Alandar

 ¿Cómo veis la información socio religiosa en España?

C.R.: Creo que los medios están muy centrados en la información religiosa como información política vaticana y jerárquica. Durante los años que he dirigido alandar es algo que no me ha interesado y creo que ello se ha visto en las páginas de la revista. No me han “interesado” los cardenales, sus intrigas, sus poderes. Hay medios de información religiosa que no llevan esta línea y hablan mucho más de la Iglesia desde la doctrina social, desde el compromiso, desde la solidaridad. Creo que a la gente le interesa la información socio-religiosa, porque hay portales religiosos que tienen miles de visitas. Hay interés más allá del morbo por las intrigas vaticanas o por lo que se plantea sobre el preservativo, el divorcio, el sexo, las cenizas… En el actual panorama, alandar tiene una voz distintiva, clara, porque no tiene nada que ver con ninguna corriente que busca el poder ni con esa corriente que busca el morbo.

M.A.: Aparte de lo que ha dicho Cristina, que es cierto, por lo que hay muy poco interés es por las notas de prensa de la Conferencia Episcopal, que en la mayoría de las ocasiones valen socialmente para la polémica, pero poco más. A determinadas perspectivas de Iglesia ni les afecta en su día a día ni les sirve para argumentar las luchas en las que están. Sociológicamente se puede explicar –de ahí la importancia de la voz de alandar– porque en los últimos 50 años lo que antes se vivía desde bloques estancos hoy ya no es así. El cristiano comprometido ya no está solo comprometido en su comunidad o en su proyecto misionero, sino que a lo mejor está implicado en la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) y vive desde ahí su compromiso creyente. Él lo vive desde una perspectiva religiosa pero, entonces, cómo hacemos de eso información religiosa. ¿Sólo lo hacemos de aquello que lleva la marca y el sello netamente religioso? Es complejo y hay un reto grande en combinar eso desde la información. Alandar deja muy claro que es una publicación social y religiosa. A lo mejor sí se publica una nota de prensa de la CEE cuando hable de que los obispos van a ir a parar desahucios, porque está en sintonía con lo que está viviendo ahora la gente.

¿Hoy el Evangelio se tiene que vivir desde un compromiso social?

C.R.: No. Las personas creyentes tienen carismas y eso es algo que me da mucha paz personal. No todos podemos pretender hacerlo todo. Primero porque el tiempo no da y segundo porque cada cual tiene sus dones. Responder a estos nos da la felicidad. Hay personas cuya inclinación predominante es la oración y la espiritualidad; para otras es la acción social y están metidos hasta las cejas; hay quien está a tope en la evangelización y la pastoral. Es la vivencia comunitaria la que reúne a todos y hace compartir a cada cual su visión. Es verdad que la oración y la espiritualidad en algún momento te llevarán al compromiso, pero es más difícil que el compromiso te lleve a la oración.

M.A.: Creo que lo interesante sería preguntarse a qué llamamos compromiso. Si lo identificamos solo con calle… Lo que sí que creo que no es posible es ser creyente viviendo de espaldas al mundo, ya sea desde tu oración, desde tu activismo, desde la perspectiva que sea. Es una visión personal desde mi propia lectura del Evangelio, en el que no veo tanto que Jesús montara una religión, pero sí que insiste mucho en que hay que transformar este mundo desde lo que él llama Reinado.

¿Esta amplia visión de carismas no puede llevarnos a aquello que reiteradamente dice la jerarquía de “una religión a la carta” y que cada quien se lo “monta” a su manera?

M.A.: A mí no me parece que sea algo tan “chungo”. Creo que hay cosas más peligrosas que se pueden denunciar. Pienso que muchas veces ponemos el acento en la cuestión del hecho religioso en sí, pero no damos un paso más allá, que es una cuestión de conciencia o de espiritualidad. La religión habla de unir, de religar, pero entiendo que con gente que no forma parte de nuestra religión nos sintamos muy unidos. Mi percepción es que con estas personas sí podemos trabajar en una espiritualidad concreta, en un proyecto común de transformación de la realidad. Hay cosas más urgentes que mirar si estamos haciendo una religión a la carta o no. Con que estemos de acuerdo en determinados preceptos muy sencillos hay muchas cosas, incluso oficiales, que yo puedo sentir que son a la carta, y que a lo mejor la historia desmiente, como tantas ha hecho. Igual por criticar que algo sea  a la carta estamos coartando determinadas visiones proféticas que dentro de no sé cuánto tiempo van a ser las que guíen los destinos de la Iglesia. No hay más que mirar a Teresa de Ávila y Juan de la Cruz

C.R.: Comparto mucho la opinión de Miguel Ángel. Quizá esa crítica de religión a la carta parte de una visión muy canonista, muy jurídica. En los últimos siglos se ha convertido la religión en algo como que hubiera que “fichar” los domingos. Es decir, en una cuestión no tanto de vivencias sino de cumplimiento de una serie de normas legales para todo. La vivencia de la religión es otra cosa, más allá de cumplimientos y signos externos. No me preocupa el tema normativo, porque creo que ello no lleva a Dios.

Volviendo a la realidad de alandar, ¿cuál creéis que es el lector o lectora al que se dirige la revista?

C.R.: Hoy por hoy en la versión de papel es un público amplio, mucho del cual lleva desde que se inició este proyecto hace 33 años. La gente es muy fiel y tiene a alandar como una forma de identidad, como una comunidad de referencia. Algo que quiero destacar y agradecer son las muchas comunidades religiosas de mujeres que han sido el sostén de alandar en los años que la he dirigido. Incluso con donaciones que han quedado en el anonimato. Muchas de ellas hacen una labor callada en la Iglesia y sus visiones críticas pasan desapercibidas, como si solo fueran importantes las de los curas o los obispos. Pero ellas siguen haciendo, estando donde no hay nadie, en las fronteras, celebrando la Palabra donde no hay sacerdote, en las misiones recónditas… Estos años me han enseñado a mirar su labor callada con admiración y respeto. Tampoco quiero olvidarme de muchos sacerdotes de parroquias perdidas y sacerdotes rurales. Me hubiera gustado llegar a gentes de comunidades de base de mi generación, mujeres y hombres entre los 30 y 40 años.

Lectores en Latinoamérica

M.A.: De cara al futuro, estamos pensando en abrirnos a lectores en Latinoamérica. Esto por dos motivos fundamentales. Primero por afinidad, porque creemos que en la Iglesia latinoamericana hay una visión y percepción grande con el estilo de alandar. Y segundo porque en un mundo globalizado cada vez tiene más sentido abrir las fronteras nacionales para que esta información se comparta, sabiendo que de allá puede llegar mucho enriquecimiento en contenidos, comentarios, visiones, que alimentará la revista para que siga creciendo. Por otro lado, queremos investigar los otros públicos a los que alandar tiene que decirles cosas. Como decía antes, hoy nuestro discurso está siendo más mainstream en la Iglesia oficial con el papa Francisco, que es una suerte, pero sin olvidar el trabajo de mucha gente, durante muchos años, diciendo que hay otras formas de vivir. Sin duda alandar está dentro de ese grupo histórico. Es pronto para definir exactamente cuáles son esos lectores, pero es uno de los retos que asumimos a partir de ahora.

Hablando de web, ¿qué va hacer alandar en el área de las redes sociales, en las nuevas tecnologías?

M.A.: Ese es el gran reto. La revista tiene que seguir siendo en papel, pero la supervivencia de cualquier medio pasa hoy por las nuevas tecnologías. Y no por la supervivencia en sí sino porque es el lenguaje en el que está hablando el mundo. Si queremos hacer una denuncia tenemos que hablar a la gente desde los sitios desde los que está hablando. Tenemos que seguir trabajando fuerte en la web, no sólo desde los contenidos, que es nuestro mayor activo, sino también pensar en los formatos. Quizá hay que empezar a “coquetear” con el audiovisual, con la fotografía, incluso con la radio. Son cuestiones que merece la pena explorar para que alandar tenga una plataforma digital a la altura de los tiempos, porque eso facilitará que el mensaje llegue y que la gente se acerque a nuestro puerto.

C.R.: En este relevo me gusta mucho la gestión de libertad con la que llega Miguel Ángel, sin grandes losas en la mochila, para abordar esta tarea, ya que no forma parte de la tradición alandariega. Al asumir la dirección yo sí tenía ciertas losas, debido a que llevaba muchos años en la casa. Esto es bueno de cara a la identidad y fidelidad, pero a veces te lleva a pararte ante ciertos cambios. Me da alegría saber que podemos ir más allá.

¿Cómo valoráis el hecho de que alandar sea un proyecto llevado a cabo, fundamentalmente, por voluntarios?

C.R.: Alandar es un proyecto en el que conviven unas pocas personas remuneradas con una gran bolsa de voluntarios. Como forma jurídica es una sociedad limitada (SL) sin ánimo de lucro. Se hizo así porque se creía que le daba más independencia a la revista, sin injerencias de la jerarquía eclesial, ni de congregaciones, ni de ningún grupo de poder. Lo de SL me ha chirriado desde el minuto cero y he luchado porque se cambiara la forma jurídica, pero es muy complicado a nivel administrativo. Desde luego, alandar sería imposible sin todo el trabajo voluntario del Consejo, los administradores, los colaboradores y colaboradoras… Desde luego hay mucha “militancia” en esta tarea.

M.A.: Yo lo dije en la primera reunión que tuvimos. Soy periodista -tanto de estudios como de profesión- y pienso que esta hay que dignificarla. Para ello, hay que pagarla. Me parece muy valioso que una revista salga, con la calidad que tiene, con aportaciones voluntarias. Pero para mí uno de los retos es llegar a crecer lo suficiente como para que eso no sea así. Es maravilloso que quien quiera pueda hacerlo voluntariamente pero el periodismo hay que pagarlo igual que cualquier otro trabajo. Sobre todo porque eso nos puede ayudar a seguir avanzando en superar estándares de calidad dentro de la propia revista y porque profesionalizarlo siempre es una buena noticia de cara al producto final que vamos a entregar a los lectores, que es lo más importante en toda la cadena. Con la situación de la revista es muy complicado llegar a eso, pero no voy a renunciar a eso porque creo en ello. Es un reto, lo que no le quita nada de valor al hecho de que esté saliendo por la motivación voluntaria de la gente y no le quita nada de valor a que sea así desde hace 33 años.