Alandar celebró el pasado 27 de septiembre sus tradicionales Premios Alandar y, con ellos, los 35 años de vida de una revista que resiste en la trinchera de los nadies y promete seguir haciendo periodismo desde los extrarradios. Aquí la crónica de un día que supo a pequeño triunfo.

Los colectivos acostumbrados al acompañamiento y la defensa de las realidades más vulnerables asumen más pronto que tarde que en su camino por una causa justa serán contados los momentos de celebración por triunfos. Caminar de derrota en derrota hacia la victoria final, que decía el Che. Ser soldados derrotados de una causa invencible, que afirma Casaldáliga. No se vive por agitar éxitos y por eso, cuando llegan, saben tan ricos y se aprovechan tan bien. Se disfrutan. Se paladean como un buen vino compartido.

Los premios alandar 2018 tuvieron lugar en septiembre en el Colegio Mayor Chaminade

Los premiados junto al equipo humano que hace posible la revista alandar 2018

Alandar no es ajena a esta historia de tantos colectivos y comunidades y, desde su ámbito, es también trinchera de resistencia. Sabe (sabemos) de la dificultad de querer ser altavoz de las voces del extremo, de asomar la pluma al extrarradio e intentar que tenga ecos transformadores, de querer existir en libertad sin más ataduras que el compromiso sincero con nuestra comunidad, de salir cada mes sin rendirse ante los números y la lógica aplastante de un mercado para el que no tenemos lugar. No es el camino de Alandar un camino llano y sin pendientes.

Es por todo esto que momentos como estos Premios Alandar de 2018 que acabamos de celebrar son tan privilegiados. No fue un encuentro cualquiera. No fue una cita más. Las más de 150 personas que llenaban el auditorio del Colegio Mayor Chaminade, haciendo que mucha gente se tuviera que sentar en las escaleras y otra mucha gente se tuviera que quedar haciendo cola a las puertas, pueden confirmar la vibración tan especial que pudimos vivir la tarde del pasado 27 de septiembre.

Celebrábamos los 35 años de la revista, 35 años de una historia de resistencia, esperanza, denuncia profética y abrazo, pero terminamos celebrando la mucha vida que le queda a este proyecto por delante. Fue un momento para constatar que la comunidad de Alandar está viva, que responde y que late. Un momento para reapropiarnos de un discurso que nos pertenece desde hace ya más de tres décadas y que vuelve a ser imperativo en un momento en el que Europa y el mundo parecen querer volver a sus horas más oscuras. Superando cualquier expectativa, no sólo se abarrotó nuestro tradicional sala de encuentro sino que se abarrotaron de ilusiones y futuro los corazones de todas las personas presentes. Si no fuera por la cantidad de rostros amigos que se acercaron a celebrar en común y por las constantes referencias a nuestra historia, casi se diría que andábamos (que “alandábamos”) de inauguración.

Momentos para paladear. Momentos para disfrutar. Momentos para aprovechar en medio del ajetreo del camino.

Una gala especial

Todo empezó a las 19:30 h. con un vídeo que, a través de los acordes de Mercedes Sosa en ‘Todo cambia’, repasaba la historia de nuestra revista y recordaba a algunas de las personas que han pasado por la publicación. Momentos para la emoción y la memoria mientras nuestra incansable secretaria de redacción y responsable de suscripciones, Ana Fernández, terminaba de recibir a las puertas del local a los últimos rezagados.

Tras este homenaje de inicio, Maitane y Eduardo, flamantes presentadores de la gala y actuales presidentes de la JEC, hacían presencia en el escenario y daban las primeras pistas que hacían sospechar que la tarde iba a ser especial. Dieron paso al bloque en el que distintos directores de la revista daban la bienvenida a la audiencia. Un bloque en el que se recordaba que “la misión de Alandar hoy es ser abrazo para las comunidades que siguen en la trinchera, para todas aquellas personas que se han sentido alejadas de una iglesia que no las representaba y para todas las personas y colectivos que, sin necesidad de pertenecer a ninguna fe, comparten con nosotras lucha y horizontes”. Especialmente memorable fue el momento en el que Carlos F. Barberá, tirando de nostalgia y humor, recordaba las peripecias que había que hacer en los inicios de la revista para conseguir enviarla a cada hogar.

Una vez escuchadas las palabras de bienvenida, se procedió a hacer un homenaje a todas las personas que, desde hace 35 años, han colaborado y siguen colaborando desinteresadamente con la revista. En una gala que estaba marcada de inicio a fin por el sentimiento de agradecimiento, este momento era inexcusable. Así, a través de un vídeo en el que iban desfilando los rostros de muchos de nuestros colaboradores y colaboradoras, se aplaudía el esfuerzo de quienes ponen su talento al servicio de esta revista y su mensaje. Las risas entre los colaboradores asistentes que se reconocían en tiempos quizá demasiado mozos y la ternura ante la imagen de las personas históricas de nuestra trayectoria daban paso al momento culminante de la tarde.

Los Premios Alandar 2018

Y es que la gala de los 35 años de Alandar estaba enmarcada dentro de nuestra tradicional fiesta anual de entrega de premios. Unos premios que, este año, volvían a mantener un listón que los convierten en una marca de prestigio y un reconocimiento de peso de trayectorias y valores fundamentales. Jesús Mario Lorente y Pilar Ramírez, Premio Alandar Joven por ‘El Rey de los Mindundis’, los colectivos responsables de la manifestación y la huelga de mujeres del pasado 8-M, Premio Alandar de Colectivos, y la abogada Patricia Fernández Vicens -Patuca-, Premio Alandar 2018, regalaron algunos de los momentos más emocionantes e inspiradores de la fiesta.

Del desparpajo y la profundidad alegre de Jesús Mario y Pilar pasamos a la contundencia liberadora de las ocho mujeres que, en representación de las miles que salieron a las calles y organizaron actos para reivindicar su derecho a ser iguales, subían al escenario con muchas voces, un mensaje y un canto. La sensación de haber acertado con los premios y que estos eran más que merecidos era grande. El agradecimiento por la presencia y la confianza, infinitos.

Cuando subió Patuca a recoger la escultura de la tortuga que la reconocía como Premio Alandar 2018, la ovación cerrada del público hizo la justicia que tantas veces los tribunales y las instituciones no han hecho a sus luchas. Con sencillez y emoción en la garganta agradecía el premio a todas las personas que, en los distintos cruces de camino de su vida, la han enseñado a ser quien es. Reproducimos el discurso íntegro al lado de estas líneas por su valor y su testimonio.

Por muchos años más

Con el reconocimiento a las personas que nos ayudan a llegar hasta sus hogares cada mes desde el Club de Amigas y Amigos de Alandar, ese grupo abierto de mecenas del que puede formar parte, y con la información de que, tras meses de espera, finalmente cada jueves desde este mes Onda Alandar, la radio en podcast de Alandar, llegará hasta nuestra web y sus dispositivos digitales de la mano de Juan Ignacio Cortés, el acto llegó a su fin con una sorpresa final. Durante la foto de familia, Maitane y Eduardo, que saben cómo celebrar bien un cumpleaños, sacaban del camerino una tarta con 35 velas y se arrancaban a la guitarra con un necesario “cumpleaños feliz”.

Tras el soplido de velas de nuestra Ana, de la que esperamos que aprovechase para desear cosas bellas para nuestra publicación, pasamos al brindis y los abrazos cariñosos. Encuentros necesarios que, una vez al año, atraviesan el papel y nos ponen piel a redactores, colaboradores, directores, suscriptores y amigas y amigos en general.

Así daba fin un día emocionante de esos que saben, como decíamos al principio, a pequeño triunfo. A victoria frente a las trincheras de la desesperanza y el abandono. Un impulso para continuar el camino de lucha al lado de los más desfavorecidos que queremos abordar. Un regalo para seguir vislumbrando, a lo lejos, la “causa invencible” de Casaldáliga.

Alandar ha cumplido 35 años de vida. O mejor, 35 años de vidas. Son todas esas vidas que nos han precedido las que nos impulsan a continuar con nuestra tarea de llevar otro periodismo hasta sus hogares. Avanzando pasito a pasito, como nuestra tortuga. Sin miedo a ir creciendo y cambiando por el camino para adaptarnos a los nuevos tiempos y llegar a donde otros no quieren llegar. Porque, como cantaba Mercedes Sosa y recordábamos al inicio de nuestra fiesta, “todo cambia”. Pero no cambia mi amor. No cambia nuestro amor. Eso nos da fuerzas para ir, desde hoy mismo, a por otros 35 años más.


 

Discurso de Patricia Fernández Vicens ‘Patuca’ al recoger el premio Alandar 2018

Muchas gracias a todas. Gracias a la Revista Alandar por el inmerecido premio. No recuerdo ni una sola tarea que haya realizado en estos años de militancia personal o de trabajo profesional que no haya hecho entre muchos, entre muchas, en comunidad, siempre en colectivo. Con el empuje y la legitimidad que supone ser minoría. Por lo tanto, es de justicia que este reconocimiento y gratitud sea en realidad para todas las personas que me acompañaron, me enseñaron y guiaron en este camino.

Este premio es para los niños y niñas que habitan los centros de menores. Me ayudaron a desentrañar el concepto de injusticia. Escribe Charles Dickens que en el pequeño mundo donde los niños habitan su existencia no hay nada que perciban con más delicadeza que la injusticia. Esta no es una cuestión baladí. En este momento, más que nunca, percibir la injusticia resulta crucial para saber el lugar donde nos tenemos que situar. Siempre frente a ella. Gracias a Iván, a Espe, a Carlos, Manu e Isma por enseñarme todo esto.

Este premio es también para los jóvenes migrantes, para la niñez en movimiento. Gracias a Nur y a Gualiz, a Mohamed, Abubakar, Yoro, Isma, Ordelate, Hamsa, Barry, Sarata y Ali. Ellos nos enseñan, cada día, a vivir en éxodo. Que no es solo transitar caminos, sino experimentar la libertad que no es atarse sino a un futuro, y a un futuro compartido. Este premio es para todos los chicos y chicas que han caído víctimas de la droga, la cárcel o la enfermedad. Sus vidas forman parte de nuestra vida, de nuestra memoria colectiva. Nos han enseñado a cuidar, nos han enseñado que la rudeza puede ser una forma de ternura y el valor del abrazo.

Este premio es para todos los niños y niñas de El Gallinero. Son pequeños héroes y heroínas de lo cotidiano. Ellos nos han enseñado a no desfallecer, a perder el miedo y a celebrar la fiesta.

Y este premio ha de ser también para todas las víctimas de las fronteras. En un mundo injusto, la desobediencia es un imperativo ético. Como lo fue para Rosa Parks sentarse al otro lado del autobús, hoy saltar la valla o cruzar el mar no es sino un acto de justicia. Desobediencia, pero justa, en lo que muchos se dejan la vida. Sus vidas nos interpelan. Gracias a ellos, porque son sacramento de justicia. Y ha de ser también este premio para sus familias. Gracias a Merenterés, a Dama, Luc, cuyos hijos cayeron en la playa de El Tarajal. Nos dieron lo mejor que tenían: a sus hijos. Nos han encomendado lo único que les queda: su memoria. Y, sobre todo, nos recuerdan el camino a seguir: transformar el dolor en justicia.