Por José Fernando Almazán*

Con vuestro permiso me voy a centrar en algunas cosas del “haber”, que me parece mucho más importante y trascendente:

– A este papa todo el mundo entiende, cuando habla no deja ninguna duda sobre lo que quiere decir. Su mensaje no es nuevo, pues es el evangélico, pero su manera de decir y hacer “con autoridad”, basada en su autenticidad, nos está poniendo a los cristianos ante la tarea urgente de revisar nuestra vida de fe y a todos lo que le escuchan, ante su propia conciencia.

– Aunque el mensaje no es nuevo, sí lo es la permanente centralidad de algunos acentos y la rotundidad con que los expresa. En el centro siempre los pobres como lugar teológico, como lugar imprescindible de encuentro con Cristo y la misericordia como el modo natural de hacer de Dios y que, por tanto, ha de ser el nuestro: poner siempre en el centro de la vida de la Iglesia la experiencia del encuentro con el Padre por medio de Cristo, hecho carne hoy en los hombres y las mujeres que sufren injustamente.

– Desde nuestra sensibilidad como HOAC, especialmente emocionantes y motivadoras son sus constantes referencias al trabajo -clave de la cuestión social- y al derecho al trabajo digno. Llaman urgentemente a repensar la pastoral obrera y todos los proyectos pastorales, en clave de humanización.

Tareas inaplazables

Fernando Almazá, presidente de la HOAC hace un análisis de los tres primeros años de Francisco La agenda de temas y tareas del papa probablemente sea casi infinita en extensión y en profundidad. En todo caso, plantearnos el problema así (“tareas inaplazables”, “prioridades”) nos hace inconscientemente situar al papa en el foco de la responsabilidad de los cambios en la Iglesia. Y lo único realmente inaplazable es la conversión. Aunque su figura es muy importante, en la Iglesia no nos movemos únicamente porque un papa lo quiera, ni nos detenemos cuando un papa lo hace. Si venimos a la realidad de la Iglesia de nuestro país, debemos revisar profundamente la acción pastoral que hemos estado desarrollando y, como el papa nos pide en Evangelii Gaudium y en Misericordae Vultus, buscar nuestra propia conversión misionera y recomponer las prioridades y las respuestas pastorales desde la misericordia.

El documento de la Conferencia Episcopal Iglesia, servidora de los pobres del año pasado fue un necesario primer paso en esa dirección. Pero tenemos el gran reto por delante de dar pasos firmes hacia ser una Iglesia adulta y comprometida, que sale de sí misma, a la intemperie, sin miedo a dialogar, a estar y acompañar a la gente en sus problemas, a denunciar las injusticias, a trabajar con todas y todos por hacer la justicia y a presentar, en esa realidad, a Cristo como propuesta de liberación. Nos va a costar, porque no estamos acostumbrados a hacerlo y porque requerirá de nosotros mucha conversión. Pero no hay alternativa fuera de esta. Vamos a ello.

*José Fernando Almazán es presidente de la HOAC